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jueves, 21 de marzo de 2013

Ellos ya saben cómo jugar, ¡son expertos!


Desde que soy madre, imagino que a todos/as os pasará lo mismo, me planteo cosas sobre los niños que nunca se me habían ocurrido. Una de ellas está relacionada con el juego. Y es qué, ¿no os parece que en ocasiones les damos instrucciones innecesariamente a los niños, incluso para que jueguen? Los niños ya escuchan constantemente el "haz esto" "no hagas lo otro", como para que aún encima también les tengamos que decir cómo jugar. No me refiero, por supuesto, a enseñar las reglas de un juego de cartas, o cómo se juega al fútbol, o que el parchís tiene unas normas definidas. Me refiero a cuando ponemos un juguete cualquiera en sus manos y el niño hace lo que su imaginación le dicta con él, mientras el adulto dirige: "nooooo, cógelo así, ¿ves?" "eso no se hace así, mira, tienes que hacerlo de esta otra forma"...

Tenía un juguete guardado desde navidades, como un "as en la manga" para cuando Pablo se aburriese de los que ya usaba o lo viese preparado para él, porque la verdad es que es para niños de un año de edad. Es el xilófono (bueno, metalófono en todo caso) que veis en la foto, ¿a que es bonito? Pues hace unos cuantos días se me ocurrió sacarlo en vista de que los juguetes habituales ya se le empezaban a repetir un poco al pobre.

Lo primero que se pasa por la cabeza es: abriré la caja, cogeré la baqueta y le enseñaré cómo suena, ¡qué sorpresa se va a llevar! Pues bien, pensando en lo que explicaba al principio del post decidí sacar el xilófono y la baqueta y dejarlos delante de él, sin más, para que él mismo lo descubriese, y me dispuse a observar. Pablo lo miró, me sonrió, y agarró la baqueta, casualmente por el extremo pensado para ello, ¡y directamente hizo sonar el instrumento! No, no es un genio, jejejeje, es que casualmente acertó a la primera con la manera de hacerlo sonar, pero puso una cara de sorpresa y alegría por lo que había hecho que se me cayeron ríos de baba. Luego probó a golpear todo lo que se encontró para ver a qué sonaba, y de nuevo al xilófono, jugó con la caja de cartón (no fallan nunca), aporreó la caja también, incluso a mí... 

Desde entonces juega un poco todos los días con él, a veces conmigo y a veces con su padre, y ya lo hemos hecho sonar para él (trae unas partituras de cancioncillas infantiles, entiendo que para los padres porque de momento que yo sepa los niños de un año partituras no leen, ¿no?). Pero si lo hubiésemos hecho en un principio, se habría perdido ese momento del descubrimiento, esa cara que me puso de ¡Mami, mira lo que he hecho yo solito! Igual os parece una tontería, una pequeñez, pero a mi me parece uno de esos momentazos que no se le deben estropear a un pequeño explorador.

Y aquí lo dejo por hoy. Me voy a dormir, a soñar con que Pablo el día de mañana me componga una sonata, jejeje...

martes, 12 de marzo de 2013

¡Estamos de vuelta! Hoy la cosa va de... primeros dientes

¡Por fin vuelvo a la vida activa en la blogosfera! Después de unas semanas rarunas en las que redescubrí la vida sin portátil (no está mal, que conste, a menos que pretendas tener un blog al día), están solucionados los problemas tecnológicos y volvemos a la carga. Solucionados a base de comprar un equipo nuevo... en fin...

Desde que no escribo tengo un montón de cosillas acumuladas de las que hablar, y una de ellas es el tema que nos ocupa: ¡los dientes! Después de los vaticinios fallidos, esos que decían que ya le iban a salir los dientes cuando tenía ¡tres meses! (sí, eso escucharon mis oídos un día...), a Pablo le salieron sus primeros dientecillos justo al cumplir los 8 meses de edad. Mira que pueden ser lindos dos dientes, jejejeje, a los ojos de una mamá. :)

Ya desde que tenía seis meses me estaba yo planteando el tema de la higiene dental, porque esperaba que le aparecieran cualquier día, y me puse a buscar información por internet. Entre otras cosas leí que se debían limpiar las encías con una gasa y suero fisiológico ya desde antes de salir los dientes, pero nunca se me había ocurrido hacerlo, la verdad. Eso sí, desde que le empecé a dar comida le doy de beber siempre un poquito al terminar, esperando que arrastre restos que le puedan quedar.

Lo mejor en un caso de duda es preguntar  a los profesionales, pero me resultaba exagerado ir a visitar a mi dentista para preguntarle esto, más que nada porque hacía poco que la había visitado y, aunque es muy maja, tampoco es cuestión. Entonces caí en la cuenta de que unos amigos de PapádePablo, tanto él como ella, son los dos dentistas. Y además padres. Así que como viven en otra ciudad les consulté por internet. Os voy a poner aquí parte del mensaje que me envió nuestro amigo como respuesta, por si a alguien le pudiera ser de interés:

"Lo de la gasa y el suero puede estar bien, pero si toma agua con facilidad limpiará sin problema por ella misma mientras no tenga dientes, al no haber ninguna zona donde se produzca retención de alimentos...
Otra cosa es cuando comiencen a salirle los dientes, os daréis cuenta que comenzará a "morderlo" todo con las encías con bastante insistencia y puede llegar a presentar enrojecimiento (inflamación)...., para esto existen pomadas en la farmacia (...), ah, y los mordedores son muy recomendables.
Por lo demás en cuanto tenga dientes, desde luego es necesario cepillárselos, pues la calidad de la dentición definitiva depende en gran medida de no tener problemas con la temporal. Lo mejor que podéis hacer es intentar fomentar en Pablo el hábito y hacerlo siempre a la misma hora, con un cepillo llamativo de colores, con un muñeco o algo que le guste particularmente, inicialmente sin pasta y a partir de los 2 añitos ya hay pastas especiales... Es suficiente hacerlo una vez al día a conciencia, empezando lógicamente vosotros, para poco a poco pasarle la responsabilidad a él ( para que te hagas una idea, nuestro hijo va a hacer 3 años y tratamos de que se cepille él sólo días alternos, el resto nosotros)."



El que veis en la foto es el primer cepillo que le he comprado a Pablo, es de silicona y muy blandito, y me pareció que estaba bien para empezar porque me daba un poquito de miedo lastimarle. Luego pasaremos a buscar uno chulo chulo para que lo encuentre bonito, como me aconsejó nuestro amigo :)

Pablo siempre me había mirado con interés cuando me veía lavarme los dientes, se reía y todo, y un buen día se llevó la sorpresa: ¡ahora a él también se los lavo! Tendríais que ver su carita de felicidad, vaya sonrisota... Se ve que está orgulloso de sus dientitos, y de que mamá se los limpia a él y luego se los lava ella, todos los días después de cenar. Abre la boquita todo contento, se ríe, me enseña los dientes... y yo le paso el cepillito por dientes, encías y lengua. ¡Vaya chico mayor que tengo! Vale, se ve que me está cayendo un poco la baba... no lo puedo evitar, jejejeje.

viernes, 25 de enero de 2013

Juguetes de niños y mayores: quien me ha visto...

El otro día le decía a PapádePablo que los juguetes que más me gustan de los que Pablo tiene son los blanditos que puede agarrar y hacen ruidos al apretarlos o agitarlos. Al final son los que más juego parece que le dan, y saqué la conclusión de que los juegos demasiado sofisticados (con muchas luces y canciones) cansan antes a los peques. Entonces me preguntó si prefería los juguetes tradicionales, y la verdad es que, ya que lo dice, me parecen más bonitos, con algunas excepciones. Pues me contestó que eso estaba bien, pero que también debe tener juguetes electrónicos, porque en este mundo cada vez se depende más de los avances tecnológicos. Touché!

Hasta no hace tantos meses vivía feliz conectándome a internet sólo desde el portátil, y lo de tener un smartphone no me causaba ningún interés. ¿Para qué quería yo estar conectada en cualquier lugar? Vaya tontería. Hoy no sólo tengo el dichoso smartphone, sino que me he comprado una tablet, ¡quién me ha visto y quién me ve! Ya se pueden reír mis allegados, después de haber renegado tanto de estos chismes...

Me gustaría decir que vivo perfectamente sin estas moderneces, pero claro, si he de ser honrada... Seguramente sería genial guardarlo todo en un cajón y, qué se yo, hacer senderismo o pintar o montar en piragua... pero la verdad es que llevo tres días sin portátil por causa de fuerza mayor y lo echo de menos un montón. Y no le dedicaba mucho tiempo, la verdad, pero en ratos que Pablo duerme o a veces que está jugando con su padre aprovechaba para mirar cosillas, o hacer los post, por ejemplo. Y si no fuera por la tablet esta ya habría cogido vacaciones en el blog (y claro, eso sí que no XDDD)...

¡Vale, ya lo sé! He caído como todos, sí. También hace no tantísimos años, pensé que ir por la calle con un teléfono móvil era una "pijada" absurda, y más tarde que ponerle cámara al móvil era otro tanto... Y sí, obviar que el mundo en que se está criando Pablo es diferente a aquel de los ochenta es poco realista. Pero qué bien lo pasábamos, ¿eh? Todo el día en la calle, de arriba para abajo. Ya me imagino diciéndole eso de: pues cuando yo tenía tus años jugábamos a esto y a lo otro...

Conclusión: los juguetes, ya los irá eligiendo él, y yo no sé qué hago aquí dándole vueltas al tema. Me voy a jugar a los pajarracos enfadados esos, jejeje...

viernes, 18 de enero de 2013

Los "Imprescindibles" del bebé

Cuando vas a ser madre, o antes incluso, ya te advierten de lo caro que sale tener un bebé, sobretodo en su primer año de vida. Y cuando se va acercando la hora, hacemos acopio de todas esas cosas imprescindibles cuando hay una pequeña personita en casa. ¿Imprescindibles? Pues según, ¿no? De hecho, imprescindibles de verdad hay muy poquitas cosas, por lo menos para mí. No es que quiera arruinar a las tiendas, que yo soy consumista como casi todos, pero por lo menos hay que ser conscientes de que compramos las cosas porque nos apecete, y no porque sea un imperativo categórico.

Lo primero es distinguir entre necesidades y comodidades. Es decir, hay cosas que nos hacen la vida más fácil, pero necesarias, lo que se dice necesarias, no son. Estamos encantados de habérnoslas comprado, pero si no hubiese más remedio nos apañaríamos sin ellas y no pasaría nada, el bebé desde luego no se iba a quejar. ¿Ejemplos?

- La cuna: A muchos padres les ocurrirá que el niño no quiere dormir separado de sus padres ni p'atrás. Si es tu caso, has comprado un mueble decorativo, nada más. Eso sí, si no tienes una cama especialmente grande (la nuestra des de 1m 35cm, y se hace bastante escasa para esto), mejor acoplar una cuna de colecho a la cama porque si no acabarás hecho un siete. Aunque luego dormirá a ratos en un lado o en el otro, conste. 
- Bañera con cambiador: Para bañar un bebé pequeño, con cualquier barreño te apañas, y se puede cambiar al bebé perfectamente encima de la cama. Lo bueno del cambiador es que es un alivio para tu espalda, así que nosotros estamos encantados de tenerlo, y eso que no pensábamos comprarlo (gracias a quien nos lo regaló, jeje). En todo caso, imprescindible lo que se dice imprescindible tampoco es.
- Cochecito: Para mí es muy útil para determinadas ocasiones, aunque me consta que hay personas que no lo usan y no lo echan de menos tampoco. El niño no lo cambiaría por estar en brazos, eso está claro. Pero vamos, que depende de tu día a día.
- Mochila, bandolera, fular, etc...: Pues igual que en el caso anterior. De hecho, unos eligen una cosa, otros la otra, otros alternan las dos (silla+mochila por ejemplo, como hago yo). Algo para transportarlo sea lo que sea sí que me parece imprescindible, porque todo el día en los brazos como que es inviable, eso no hay bíceps que lo aguante.

Hay otra serie de cosas que en su día alguien me recomendó comprar, pero no lo hice porque me pareció que podía pasar bien sin ellas. A lo mejor si las tuviese las encontraría mucho más útiles, como me pasó con el cambiador. En fin, ahí van:

- Vigila-bebés: ¿y yo para qué quiero eso en un piso pequeño? ¡Si con enchufar la aspiradora en el pasillo me llega el cable para aspirar toda la casa! Sorda tendría que estar... De todas maneras, si haces como yo que tengo al niño todo el día conmigo, aunque vivas en un palacete no lo vas a usar.
Este aparato yo creo que es un gran invento para niños que duermen pacíficamente en el piso superior de una casa mientras sus padres están en la planta baja, por ejemplo.
- Un automóvil más grande: Eso sí que me lo decía toooooooodo el mundo. A dónde iba yo con un bebé y un coche tan pequeño (mide 3,62 o 3,63 metros, no recuerdo, esto para que os hagáis una idea), que ahí no cabe nada de nada. Bueno, que sepáis que sigo con el mismo coche. Un adulto conduciendo, el otro en el asiento de atrás con el niño en su silla, y la silla de paseo en el maletero (de plegado tipo libro, por cierto, para los que me decían que necesitaba una tipo paraguas...), tal como iríamos con un coche mayor. Seguro que si tuviese un coche nuevo y más grande diría: ¡qué bien, qué práctico! Pero comprar un coche nuevo sólo por esto, ya os digo yo que es tontería, si estáis contentos con el coche que tenéis y os va la mar de bien. Y aquí entre nosotros, si tu coche de doce años la única avería que ha tenido es la de la radio, cuídalo y si acaso componle unos versos, que bien lo merece. Ya teniendo dos hijos me imagino que la cosa cambia, pero con uno mi pequeño bólido es más que suficiente, jeje.
- Chupete: Sí, ya sé que la mayoría de los niños lo usan. Yo sigo sin ver para qué necesita un niño que se alimenta con lactancia materna y está con su madre un chupete. Otra cosa sería si toma biberón, porque los niños muchas veces no maman por hambre sino por consuelo, para tranquilizarse, para dormir... y como el biberón sólo se usa para comer, entonces es necesario. También si la madre trabaja y el bebé aún es pequeño. Pablo desde luego vive muy bien sin chupete, y de momento no le ha dado por chupar el dedo todo el día tampoco. Yo creo que no doy mucho aprecio a los chupetes porque de pequeña no lo quise, y eso que a mí me daban biberón. 
- Biberones: Antes de nacer Pablo mi madre me preguntó que si no iba a comprar alguno por si acaso. Otra tontería, con perdón de mi madre: si tienes algún problema y ves que necesitas un biberón, te vas a la farmacia y te lo compras, que siempre hay una farmacia abierta. Así que estas cosas sobre la marcha. 
- Robot de cocina: Ya sabéis los que tenéis niños, esos que son especiales para la comida de los niños. Si no le vas a dar purés no te hace falta para nada. Si se los vas a dar, a lo mejor te apañas con una batidora normal y corriente. De todos modos, quienes lo usan me han dicho que le sacas mucho provecho, así que igual estoy equivocada.
- Parque, hamaca, columpio...: Si eres como nosotros que lo que queremos es estar cerquita el uno del otro, este tipo de cosas no te van a hacer falta. Igual la hamaca para ponerlo mientras te duchas, si es como uno que yo me sé que no quiere perder de vista a su madre ni a tiros, pero yo me apaño sin ella.
- Leche adaptada: En el caso de dar lactancia materna, la vuelta al trabajo no supone tener que empezar a dar otro tipo de leche. La solución es usar un sacaleches, que también supone un gasto pero creo que debe compensar con creces (lo digo por lo bueno de la leche materna en sí, en cuanto a precio no sé porque no tengo idea de lo que cuesta la leche de la farmacia). En todo caso, hay que saber que la vuelta al trabajo no tiene porqué ser el fin de la lactancia natural, hay opciones.

Y a todo esto, ¿qué considero imprescindible? Si tienes coche una silla de auto, por supuesto. Y pañales, ya sean desechables o de tela. Y ropa, claro (yo tengo muchos bodies y poca ropa de calle, que los niños crecen rapidísimo y luego se quedan los modelitos nuevos). Y cosas de aseo: esponja (las toallitas son muy prácticas pero tampoco son imprescindibles), gel, toallas, etc...

En fin, las tiendas de puericultura están llenas de las cosas más diversas, y los gustos y preferencias de los compradores son igual de diversos. El bebé tiene claro lo que necesita: mimos, calorcito, comida, dormir, jugar... y normalmente todo eso ya viene incluido con tener una mamá y un papá, sin más accesorios. Yo soy su fuente de alimento (hasta hace poco exclusiva), su juguete preferido, los brazos y la voz que lo duermen... Lo demás, cositas para hacernos más cómoda la existencia, ni más ni menos.




martes, 18 de diciembre de 2012

De pinchos con Pablo

Hace un par de fines de semana salimos de pinchos y cañas con el niño (0,0 para mí, total la cerveza normal ahora con la falta de costumbre ya me sabe a colonia, pffffff). Las fotos que acompañan esta entrada son algunos de los ricos bocados que nos comimos, ahí las dejo para poneros los dientes largos, jejeje. Se celebraba la "Semana del Pincho" en donde vivimos, y no nos íbamos a quedar en casa con los hosteleros  compitiendo por ver quién hacía el pinchito más rico, no señor, faltaría más.

La foto más grande es del risotto ganador, mmmm!

Nos lo pasamos en grande, Pablo incluido,  y de hecho estuvimos más de seis horas fuera de casa y lo llevó estupendamente, echando algún que otro sueñecito. Le gusta el movimiento, y ver gente, y además es de momento un niño muy sociable. Tan bien nos fue el sábado, que repetimos el domingo. Claro, es que eran muchos pinchos, y los que nos quedaron por probar... pero es cierto que salir con un bebé supone algunos problemas.

De las dificultades que plantean las barreras urbanísticas para ir con una silla de bebé por las aceras ya os he hablado en otra ocasión. El sábado la llevamos porque íbamos a una zona del casco histórico con calles relativamente anchas y de fácil acceso. Aclaro que es una silla todo-terreno, y moverse por el pavimento empedrado es relativamente sencillo. Todo fue bien hasta que llegamos a un bar con tres escalones en la entrada, grmbpffff... ññejjjj... ¡hala, ya estamos dentro! Los locales pequeños aprovechan el espacio como buenamente pueden, y la siguiente dificultad que te encuentras es donde situar la silla de marras para que no estorbe a tus acompañantes ni a la camarera. Sobretodo a la camarera, que no es cuestión de irle poniendo obstáculos y se le caigan las consumiciones. Conste que en todos los sitios a los que he ido son muy amables y no se quejan nunca apañándoselas con sorprendente habilidad, pero estorbar les estorbamos un poco, la verdad. 

Lo bueno de llevar la silla fue que se echó un par de siestas en ella, tan cómodamente y abrigado, metido en su saco térmico, que mi amiga R. estuvo a punto de sacar al niño para meterse ella. Bueeeeno, no, sacarlo no, pero creo que ha llamado al fabricante para pedir una de su talla, a ver si tiene éxito XDDDD

  Como nos quedamos con ganas de más, volvimos el domingo. El resto de locales participantes en el concurso de pinchos está en un barrio judío medieval con callejuelas estrechas y empinadas, suelo empedrado y para colmo escalones. Hay partes que hay que pasar incluso en fila india. En un escenario como éste yo recomiendo la mochila sin lugar a dudas. Nada como llevar al niño encima para moverse con agilidad en lugares llenos de gente, no hay color. La experiencia es muy agradable: no hay que preocuparse de "aparcar" vehículos, te sientas y ya está. Eso sí, acaba pasando factura cuando llevas un buen rato de aquí para allá, por lo menos en mi caso. Porque vaya, no sé qué comerá este niño (bueno, sí lo sé, es un decir XDD), pero pesa un montonazo. Menos mal que un par de amables caballeros (el padre y el tío de la criatura) tuvieron a bien tomar el relevo un rato.

Hay algo con lo que hay que enfrentarse tarde o temprano cuando se sale con un bebé, y es el cambiarle los pañales. En todo el pueblo solamente conozco una cafetería que tiene cambiador en el baño, y pocos lugares en los que hay una superficie suficientemente grande para poner un cambiador portátil de esos de tela que siempre llevamos en el bolso. En uno de los sitios a los que fuimos pudimos aprovechar que  la planta superior del local estaba cerrada, y lo cambió PapádePablo encima de una mesa. Otra opción cuando se lleva la silla es cambiarlo en ella, es mil veces más fácil en un capazo pero se hace un apaño. Luego está la solución que me dio mi madre: pues te vas para casa. Eeeeeem... bueno, sí, si hace falta se marcha uno para casa y santas pascuas, pero por suerte no nos vimos en el caso.

En fin, el niño estuvo tan contento que mereció la pena el trajín, sin duda. Y es que yo, para decidir ir o no ir a un sitio, me baso en la siguiente premisa: si mi hijo no puede ir, yo tampoco

jueves, 13 de diciembre de 2012

Mi hijo deportista y su gimnasio

A su tierna edad Pablo ya tiene unas cuantas posesiones, pero por supuesto sus preferidas son los juguetes. Claro, a mí me pasa igual con los míos (que tienen luces, colorines y hacen ruiditos, como los de los niños), jejejeje. Hoy me ha apetecido hablaros de uno en particular, que se merece el homenaje.

Es un regalo que le hicieron a Pablo unas amigas mías, y me emocionó un montón cuando se lo trajeron porque era su primer juguete: un gimnasio de actividades, como podéis ver muy chulo y con muchos colores, me encaaaaaanta ;)
Tiene varios muñecos para colgar de distintos animalitos, uno tiene cascabeles dentro, otro bolitas... también tiene el típico espejo, y no podía faltar un muñequito con música, distintos sonidos y luces. Vamos, que da para mucho el cacharro, jejeje. A mí este me parece de los más bonitos, pero en el mercado hay un montón diferentes y de variados precios.

Desde que se lo regalaron y hasta el día de hoy ha jugado con él casi todos los días. Al principio no le puse pilas al muñeco musical, luego se lo introduje como novedad. También le fui cambiando los muñequitos colgantes de posición, la altura  del espejo... Cuando era más pequeño jugaba tumbado, agitando manos y pies, y después aprendió que dándole patadas al arco de donde cuelgan los "cachivaches" hacía sonar la música: eso fue la locura y el desenfreno, su mayor afán durante semanas...Ahora lo que le gusta es estar sentado, la posición horizontal ya lo tiene muy aburrido. El caso es que después de varios meses todavía no se ha cansado del gimnasio, así que creo que es un muy buen juguete. 

Lo que no sé es la experiencia  con gimnasios de estos para otros niños. Me imagino que a la mayoría les debe gustar, pero claro, cada bebé es un mundo. Yo por si acaso, cuando a Pablo deje de hacerle gracia voy a guardarlo a buen recaudo, que igual surge la ocasión de que lo disfrute otro niño y sería una pena que un objeto tan bonito tuviese una vida tan corta, ¿no os parece?

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Las ventajas de la mochila

Hace ya un tiempo que prometí hablar de nuestra mochila ergonómica y ya estaba tardando, así que aquí va:

Hay muchos y variados sitios por la red donde informarse sobre el porteo y cuáles son los fulares, bandoleras y mochilas más recomendados y recomendables. Hay defensores y detractores de los distintos sistemas, y lugares donde con objetividad se destacan sus ventajas y desventajas. Con toda esta información disponible, y no siendo yo especialista en puericultura ni ergonomía ni nada relacionado, no voy a aconsejar la opción que yo elegí por encima de las demás, pero sí que estoy muy contenta con el resultado.

Me decanté por una mochila ergonómica porque me pareció, después de lo leído, lo más adecuado para el desarrollo del bebé, y como no soy muy de comprar por internet de momento, me fui a comprar una a unos conocidos grandes almacenes. La compra en sí fue bastante complicada, vamos, que nos llevó muchísimo tiempo. Para empezar, la dependienta que nos atendió no tenía ni idea del producto que nos estaba vendiendo. Vamos, que por no ser ni siquiera era una dependienta de la sección de puericultura, sino de ropa infantil, y se le notaba un montón. De hecho a PapádePablo le hubiera gustado probar con un fular de tela o una bandolera,  pero no había nadie en la tienda que supiera cómo se colocaban. Muy mal, para vender un producto hay que conocerlo bien, ¿no? 
Una vez que la dependienta nos dejó solos (total, para lo que nos servía, mejor que se fuera a ayudar a otros), estuvimos dando vueltas a dos modelos de mochila ergonómica diferentes, pero la compra la decidió Pablo. Probábamos una, y volvíamos a probar la otra (nos tuvo mucha paciencia ese día el peque), y estaba bien claro cual era en la que se encontraba más cómodo. Esta fue su elección, por cierto.

La mochila la compramos cuando Pablo tenía tres meses, y al principio no la usábamos para salir a la calle, porque me resultaba un tanto complicada ya que para bebés pequeños lleva un accesorio reductor y me parecía difícil para estar quitando y poniendo, no lo veía seguro. Entonces, ¿para qué la usaba? Pues para hacer las tareas de casa (barrer, pasar la aspiradora, doblar y guardar ropa...). Si, habéis leído bien. Yo sé que en muchas casas hay unos bebés pacíficos y tranquilotes que duermen largas horas del día en la cuna, mientras sus madres se dedican a los quehaceres de la casa, o incluso pasan el rato en hamaquitas tan campantes mientras mamá va y viene. Mi hijo no es de esos, ya os lo digo. No es que yo lo haya acostumbrado así o asá, es que Pablo es como es: necesita estar cerca de mí, que yo no salga de su campo de visión, y aunque puede estar un rato jugando solo pronto necesita contacto físico. De hecho, es lo más normal en un bebé tan pequeño, por mucho que se empeñen en convencernos de lo contrario. Y en cuanto a lo de dormir, durante la noche duerme en la cuna sin problema, pero por el día no quiere saber nada de ella. Si no está en brazos duerme como mucho diez minutos, y mi casa no se limpia en diez minutos por muy pequeña que sea. Así que la mochila me ha resultado de gran ayuda, sin duda.

Pero lo más bonito es ahora que la usamos para lo que de verdad está pensada: para el paseo. En ella el niño va la mar de contento, girando la cabeza a un lado o a otro sin perderse detalle, o echándose una pequeña siesta cuando está cansado, y mientras yo tengo las dos manos libres para hacer lo que quiera. Él se ve que se siente seguro y tranquilo, y al estar tan pegadito recibe un montón de mimos, jeje.  Además, es muy calentita, tanto para él como para mí, y el tejido (algodón orgánico) tiene un tacto muy agradable. En cuanto a lo que alguno me ha dicho de que "te dolerá mucho la espalda", puedo decir que es todo lo contrario: el peso está más repartido que si lo llevase en brazos, y puedo caminar bastante rato sin cansarme. Sobretodo es fantástica para esas ocasiones en las que necesitas moverte libremente y con comodidad: un supermercado, un centro comercial, etc... También para paseos cortos y para ir a sitios de difícil acceso con el carrito. 

Hoy por hoy no renunciaría ni a la mochila ni a la silla de paseo. Lo ideal para mí es alternar las dos cosas, al menos para el uso que yo les doy, y no podría prescindir de ninguna de ellas. Eso sí, aunque son dos artículos que me ayudan un montón, donde más tiempo pasa Pablo es en mis brazos (y los de su padre), y eso no hay nada que lo iguale. Y tú, ¿qué opinas?




lunes, 19 de noviembre de 2012

Pocoyó, Pablo y el abuelo



Este Pocoyó es el mejor amigo de Pablo. De hecho, empiezan siempre en día juntos, porque cuando el niño se despierta Pocoyó le da los buenos días y le canta su nana (hay que "presionarlo" para que cante, como en los interrogatorios de las películas, jejeje). Cuando lo ve le sonríe y a veces le habla, pero sobre todo le muestra su cariño en forma de babas, que cómo podéis imaginar une mucho y forja amistades de por vida XDDD. Pero el tema de este post no es el muñeco en sí, sino que se trata de una reflexión sobre algo que ocurrió el día que se lo regalaron, y que ya se ha repetido también en otras ocasiones.

Ahora el niño ya no cabe en un moisés, pero antes teníamos uno en casa de mis padres que nos prestaron y donde se echaba unas siestas magníficas, que por cierto nunca tan buenas las echó en su propia casa (esto se debe al influjo de un tal Murphy, del que nos acordamos a menudo todos los padres y madres...) Pues un día llegamos y Pocoyó estaba allí instalado, tapadito y todo, por obra del tío de Pablo. A mí me hizo mucha ilusión el regalo y se lo presenté al niño: ¡Holaaaaaa, Pablooooooo, soy tu amiguito Pocoyó!, ¡Toma, un besito!,  y otras frasecitas por el estilo.

En estas estábamos cuando entró mi padre en escena. Mi padre, que adora a su nieto pero que nunca ha sido ni será el rey de la pedagogía, le espetó: -Uuuuuy, ¿quién es ese? ¿qué hace metido en tu cama? ¡Dale una patada y échalo! ¡Sí, que es tonto, pégale una patada!- Yo me quedé perpleja, y mi hermano lo mismo, con cara de poker. Yo venga a insistirle en que era un muñeco muy lindo, y mi padre riéndose y bromeando con que le diese patadas.

Ya sé perfectamente que el niño no iba a entender el significado ni la intención de lo que le estaban diciendo, porque era muy pequeño, pero dudo mucho que tenga intención de cambiar el discurso cuando sea más grande porque no ve nada de malo en ello. ¿Porqué hay adultos que se divierten con este tipo de cosas? Es que también he visto en ocasiones que un niño ya más mayorcito pega una patada a algo o golpea a alguna persona, y en lugar de corregirlo y explicarle porqué no hacerlo, por el contrario se ríen y hacen bromas. Yo, si con mis dos o tres años veo que lo que hago causa tales reacciones, estaré encantada de volver a repetirlo, ¿no? ¡Hala, a repartir patadas y mamporros, que así voy a ser la reina del mambo! Conste que creo que todos los niños en algún momento pasarán una etapa en la que van a hacer esas cosas, pero según cómo reaccionemos se volverá o no una costumbre.

Curiosamente, cuando el niño empiece a comportarse de manera agresiva con cierta frecuencia, las mismas personas que le rieron la gracia le van a reprender. No me extrañaría nada que luego lo tachen de malcriado y acaben teniendo la culpa sus padres, que lo han educado tan mal. Me parece que ya los estoy oyendo: "Tantos mimos y tantos brazos, y claro, lo han convertido en un pequeño tirano..."


Amigos para siempre :)
Por descontado, todo esto lo tenemos muy claro y sabemos cómo queremos educar a nuestro hijo, pero a menudo nos vamos a encontrar con que las personas de nuestro entorno no nos entienden e incluso piensan que tenemos "muchas manías" e "ideas raras". ¿Cómo se le dice a alguien que actúa con todo el cariño hacia tu hijo que lo que hace no es correcto sin ofenderlo? Corregir a los niños es el pan de cada día en todas las familias pero, ¿corregir a los adultos? ¿Eso cómo se hace? Agradezco que venga alguien y me ilumine, porque el tema da para mucho. 


viernes, 9 de noviembre de 2012

Un juguete "nuevo" para Pablo

Hace unos días estuvimos mi madre y yo rebuscando entre ese montón de cosas mías de naturaleza diversa que, siete años después, siguen invadiendo espacio en su casa. La idea era tirar cosas, y algunas tiré, pero cada vez que hago una de esas "limpiezas", siempre encuentro algo que ya ni recordaba que tenía. Y allí, junto con las cartas de mis amigas, la colección de entradas de cine y aquellos guantes con un dedo de cada color que mi madre tejió para mí (adoro esos guantes), estaba él: el osito.

Dice mi madre que no recuerda de donde salió. Es pequeñito y de trapo, de confección muy simple, pero yo de pequeñita lo tenía en gran consideración: lo acostaba en la cama a dormir, lo tapaba con las mantas y ¡hala!, los dos a los brazos de Morfeo. La verdad es que no recuerdo el detalle, pero sí, me imagino a mi misma perfectamente tapándolo con todo cuidado para que no cogiese frío, a mi amigo el oso. Es que yo era muy considerada con mis muñecos. Bueno, aún lo soy, igual tengo que hacérmelo mirar, pero les tengo cierta simpatía y me gusta colocarlos con cuidado, jeje. Tengo hasta una pequeña vaca de peluche que siento para que pueda ver la televisión. Vale, vale, voy pidiendo cita para hacer terapia....

Ayer volví a casa de mis padres y allí estaba el oso, lavadito (que buena falta le hacía) y dispuesto a hacerse amigo de un nuevo niño. No sin antes pasar por una pequeña reparación con aguja e hilo porque al pobre se le salía el relleno por detrás. Y tiene pinta de haberse remendado más de una vez, que mira que es sufrido. Pues sí que nos salió barato el juguete, porque a Pablo le ha gustado y la verdad es que es normal, porque es ligero y fácil de sujetar. Y lo cierto es que me ha hecho ilusión, para qué lo voy a negar, soy una ñoña. Es muy bonito ver como un juguete que te hizo feliz de niña puede servir también para entretener a tu hijo. Y más una cosa tan simple como un pequeño muñeco de trapo, modesto, quizás no especialmente bonito si lo miramos de manera objetiva pero ¡qué caramba!, es nuestro osito.


Hay juguetes fabulosos en las tiendas, y vamos a comprar más de uno y más de dos, eso seguro, pero a veces no es necesario ser demasiado sofisticado ni gastar mucho dinero. Me gustaría que ese fuese uno de los valores que supiésemos transmitirle a nuestro hijo, que el valor de las cosas no es sólo monetario y que lo importante es saber disfrutar con lo que tenemos a nuestro alcance. De momento no lo entiende porque es muy pequeño, y de por sí un bebé no es materialista, eso lo adquirimos cuando vamos creciendo influenciados por el ambiente. Pero aunque no lo sabe ya está recibiendo sus primeras lecciones. Aquí os dejo una foto del nuevo amigo de Pablo, un superviviente.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Tres a la mesa

Esta semana Pablo ha estrenado su trona. Y como se puede ver en la foto, y si no se ve lo explico yo, es una trona diseñada para utilizar a partir de los seis meses, que es cuando por lo general los niños ya están preparados para empezar a probar alimentos porque se sostienen sentados sin ayuda. Esto se debe a que no se reclina, ya que la idea es utilizarla solamente para lo que está pensada: comer. Quien lea esto podría preguntarse a qué viene entonces utilizarla con un niño de cuatro meses y medio. Principalmente lo hemos decidido por dos razones:


Primera razón: PapádePablo y yo empezamos a echar de menos comer juntos con cierta comodidad. Porque en nuestra casa, hasta ahora, se ha comido por turnos. Primero como yo, y luego come el padre, y de paso el niño también. Comer mientras el niño duerme es ciencia ficción, porque cuando duerme durante el día, en cuanto lo soltamos de los brazos y lo ponemos en la cuna, la cama o el capazo, se despierta automáticamente. Quien dice automáticamente dice a los tres minutos, pero vamos, más tiempo es muy poco probable tirando hacia lo imposible. Y comer con una mano sujetando al niño con la otra siempre acaba siendo comer a medias, y eso que PapádePablo todavía se da cierta maña... A mí me cuesta mucho más, acabo jugando con él pero sin comer.

Segunda razón: Cuando comemos Pablo no nos quita ojo. Vamos, la verdad es que no se pierde detalle cuando plancho, o cocino, o realizo cualquier tarea mientras su padre lo tiene en brazos, pero es que cuando comemos ¡alucina! Su cara es un poema. Yo no sé si son así todos los niños, pero definitivamente parece que lo encuentra apasionante. Tanto interés tiene que a veces pienso que quiere probar la comida también, pero la verdad es que creo que todavía le falta bastante para estar preparado. Eso sí, la curiosidad la tiene toda, y si me descuido mete la mano al plato.

Por todo ello hemos pensado que Pablo merece sentarse a la mesa con nosotros. Al principio tenía mis reservas, porque es pequeño y tenía miedo de que la postura no fuese adecuada para él, pero la verdad es que se sostiene bastante derecho con algo de ayuda, y decidimos hacer la prueba y ponerlo un ratito corto. Lo justo para que yo coma, que de momento me parece suficiente para que no se canse. Pues caramba, ha sido todo un éxito. La primera vez abría los ojos como platos y giraba la cabeza para todos los lados, y las siguientes parece que lo pasa bien: examina su trona, mira para el suelo (todavía está asimilando a dónde lo hemos encaramado), nos mira y se ríe, y juega con cosas que ponemos en la mesa. Y nos vuelve a mirar y sonríe feliz.

El secreto del asunto es que la trona no tiene bandeja, está diseñada para utilizarla en la mesa de los adultos. Está sentado a nuestra altura, a la mesa con nosotros. Creo que está tan feliz porque se siente integrado. Bueno, no se siente, está integrado, es uno más a la mesa. Igual que es uno más cuando dormimos, o cuando vamos de compras... No lo hemos hecho en todas las comidas, pero sí ha estado un ratito cada día y me parece que está dando un paso muy importante. Y yo también, que hoy he tomado postre y luego una infusión, jejeje. Mi niño se hace mayor, ainssssss...


martes, 30 de octubre de 2012

¡Mamá, aquí me aburro!

Pablo nació en verano, y tuvimos la suerte de aprovechar el buen tiempo dando unos paseos estupendos en el carrito. Al principio se quedaba dormidito al poco de poner el carro en marcha, pero según ha ido creciendo disfrutaba más el paseo porque iba mirando muy atento hacia mí, hacia los árboles, hacia las nubes en el cielo... tan mono, en su capacito... pues me parece que ya lo podemos ir jubilando y montando la silla.




Cuando lo compré, estaba convencida de que lo utilizaría durante los seis meses que aconseja el fabricante, ¿porqué iba yo a cambiarlo antes? Es que alguna amiga ya me había dicho que se cansaría de ir ahí metido, pero yo lo ponía en duda, con lo hiperconfortable que es. Bueno, lo confortable que parece, yo no lo he probado porque no quepo. Además, se me pasó por la mente que si yo lo "persuadía" aguantaría esos seis meses, que para eso sé yo lo que es mejor para él, que soy su madre. Muy poco empático el razonamiento, ¿no? Pues como en todo lo demás, mi niño sabe comunicar perfectamente lo que quiere, y después de muchos paseos felices ahora se le ve que empieza a perder la paciencia. Vamos, que quiere ver mundo y el capazo limita un tanto sus posibilidades. Porque claro, cuando estás en un momento en que tooooooooooodo te llama poderosamente la atención, que el panorama del paseo sea: nubecita, nubecita, árbol, farola, árbol, nubecita... pues qué queréis que os diga, me pongo en sus patucos y creo que yo también me acabaría aburriendo.

Menos mal que alternamos el cochecito con una mochila ergonómica, que nos encanta a los dos (un día de estos le dedico un post, que bien lo merece), pero para según qué situaciones ya veo necesario el uso de la silla. Pero es que... ¡es tan pequeñito! ¡si solo tiene cuatro meses! Me está empezando a dar una sensación de vértigo, porque estamos abandonando una etapa y ya lo veo más mayor. Es una alegría verlo crecer, pero al mismo tiempo da una especie de penilla rara, y sospecho que me va a ir pasando esto mismo con muchas más cosas.

¿Os ha pasado lo mismo? ¿vuestros niños han ido en una silla tan pequeños? Igual todo es probar...

viernes, 26 de octubre de 2012

La habitación de Pablo

Cuando vas a tener un bebé, la mayoría de la gente da por hecho que estás como loco/a preparando su habitación, y en muchos casos es cierto. Pintar de un color bonito, comprar muebles infantiles, coordinar todo para que sea digno de revista de decoración... en fin, esas cosillas. Los padres suelen dedicar horas y horas a decorar el espacio para el rey de la casa, y algunos te van enseñando fotos del paso a paso para que admires sus progresos artísticos con la brocha gorda. Es inevitable, todo lo relacionado con un futuro hijo siempre hace mucha ilusión, es como cuando le compré su primera ropita a mi niño y no dejaba de mirarla, toda ñoña yo.

Al tema: La habitación de Pablo es la que podéis ver en la foto. El resto de la habitación lo componen la cama de papi y mami, el armario de los tres, la cómoda, dos mesitas y poco más. No es que tengamos la habitación preparada para cuando sea más grande: es que no tenemos más. Cocina, baño, dormitorio, salón, y se acabó la visita guiada por la casa. Hay alguna persona que, habiendo estado en mi casa, me preguntó en su momento si ya tenía listo el cuarto del bebé, serán lapsus que tiene la gente... como siempre se preguntan las mismas cosas a los padres primerizos, cogen carrerilla y ya ni lo piensan.


Algún día nos mudaremos de casa para que pueda tener su espacio, su cama, armario para sus cosas... pero de momento no tenemos mucha prisa, ni nosotros ni creo que Pablo la tenga tampoco. De hecho, hasta los tres meses durmió en nuestra cama y ahora en una cuna de colecho, de esas que se enganchan a un lado de la cama y son como una extensión de ésta. Para nuestra pequeña familia ha resultado ser la fórmula perfecta.