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domingo, 24 de marzo de 2013

¿El fin de la lactancia? (Parte II)



En la entrada anterior ya os puse en antecedentes. Mi principal problema es que en mi trabajo, ese trabajo que me encanta, para el que me preparé y que he venido desempeñando durante años sintiéndome muy satisfecha con ello, existen algunas circunstancias que implican posibles riesgos para la salud. En concreto, empleo inevitablemente una sustancia que tiene en su etiquetado de seguridad la frase R45, frase que es la siguiente: "Puede causar cáncer". (Para el que quiera saber más sobre riesgos para la lactancia natural, puede pinchar en este enlace).

Yo no soy ninguna experta sobre el tema, la verdad, soy una trabajadora con algunos conocimientos sobre tóxicos porque mi trabajo así lo exige, pero hay una página muy buena que muchas madres que dan lactancia materna conocen, www.e-lactancia.org, elaborada por un hospital que es centro de referencia para el tema, en la que hay una relación de bastantes compuestos químicos y sobre todo medicamentos, y sus posibles riesgos o no para la lactancia. Ellos clasifican los compuestos según sus niveles de riesgo en nivel 0 (sin riesgo: la mayoría de los medicamentos que nos tomamos lo son, podemos estar tranquilas), 1, 2 y 3, siendo este último grupo el de mayor peligrosidad.

El producto que a mí me preocupa es de nivel 2, que definen de la siguiente forma: 
"Sustancia que podría provocar efectos adversos moderados sobre la lactancia o sobre el lactante o se han comunicado los mismos, o no hay datos publicados pero las características físico-químicas y farmacocinéticas de absorción, distribución y eliminación del producto hacen muy probable la aparición de efectos adversos moderados. Producto poco seguro: hay que valorar la relación riesgo-beneficio, procurar una alternativa más segura y, en caso de no poder evitarlo, considerar la dosis, los horarios, la edad del lactante, etc... y realizar un seguimiento del lactante."

Evidentemente que si fuese evitable no me hubiesen apartado del puesto, pero pensando en que ahora es más grande  y leyendo el párrafo que antecede, pensé que quizás al comer ya otros alimentos el riesgo fuese asumible porque los tóxicos tienen diferentes tiempos de presencia en el organismo, como por ejemplo el alcohol que en un par de horas se elimina y ya se puede amamantar con seguridad. Así, podría esperar a la hora adecuada y darle la leche, complicado es pero no imposible  Agarrándome a esto acudí a la pediatra en primera instancia, para ver si conocía algún número o dirección donde me pudiesen informar con más profundidad. Su respuesta, resumida, es esta:
" No hay relación riesgo-beneficio que valorar, un tóxico siempre es peligroso y la lactancia después de los seis meses no supone gran diferencia, puede proteger de un ínfimo porcentaje de infecciones, pero vamos, que no hay perjuicio en dejarle de dar el pecho (aquí yo la escuchaba estupefacta, no daba crédito. Si eso fuese cierto, no sé porqué iban a recomendar dos años de lactancia natural...). Que le de leche "2", la que toman todos los niños."

Luego pedí igualmente a una persona de la mutua que me facilitase un modo de contacto con quien llevase este tema, para que me lo aclarase un poco. Esperando respuesta del técnico de prevención, me enviaron de nuevo un correo que decía: 
"El Técnico de Prevención no ha podido llamarte pero me indica que te informe de que si te incorporas a tu puesto de trabajo debes cortar la lactancia pues se te había concedido la prestación  precisamente por el riesgo que tienes en tu puesto y que ese riesgo sigue estando latente indiferentemente de la edad del bebé."

De momento esta es toda la información que tengo. Las perspectivas son pésimas, y estoy muy triste, la verdad. Además de echarme de menos porque voy a estar fuera trabajando, Pablo según me han indicado se encontrará con que su mamá ya no le da la teta. La teta que era su alimento, su consuelo cuando lloraba, la manera en que consigue conciliar el sueño por las noches... Pienso en todas las veces que toma leche durante el día. Pienso en la hora de acostarnos, cuando da saltos en brazos de su padre porque quiere venir a los míos, en cómo me mira y se ríe, lo feliz que es cuando se engancha al pecho y suspira, y se queda dormido. Y cada despertar nocturno mama otro poquito y sigue durmiendo en la paz del que se siente protegido, que sabe que mamá está ahí para él, durmiendo a su lado.

Hemos sido muy afortunados hasta ahora, pero por favor, no me digáis que tengo suerte. Que él quiera continuar la lactancia como es natural, que no tenga yo ningún impedimento físico para ello, y que de todos modos deba interrumpir la lactancia, no es ninguna suerte. Y no es ya mayor, es muy pequeño, porque es un lactante y eso implica que la leche es su principal alimento. Y la leche de fórmula es una solución para cuando no se puede, y menos mal para muchas mujeres y niños que existe, pero no es lo mismo. Ni alimenta igual, ni la teta es solo un alimento.

Desde hace un par de meses he estado haciendo una reserva de leche en el congelador porque era lo único que veía que podía hacer para que tomase leche natural el mayor tiempo posible. Y verdaderamente no sé que más voy a hacer, me encuentro bastante perdida. No sé cómo llevar a cabo el final de la lactancia, y si mi trabajo no supusiese nuestra principal fuente de ingresos me plantearía una excedencia de un año, pero no puedo. 

Si alguien tiene algún consejo bueno para darme, por favor, ¡que me ilumine!

¿El final de la lactancia? Parte I


Pablo ya tiene nueve meses, ya se que es una frase muy manida pero ¡qué rápido pasa el tiempo! Algunos de los que me lean sabrán que hasta ahora no he vuelto al trabajo por derivarse de mi puesto riesgo para la lactancia natural. Por ello he percibido una prestación de mi mutua, y actualmente estoy disfrutando las vacaciones del año pasado por lo que falta todavía un mes para que me reincorpore. Cuando le he contado esto a la gente, habitualmente la respuesta ha sido: ¡qué suerte tienes! Bueeeeeno... supongo que según como se quiera ver, así que voy a intentar explicarlo un poco más.

Antes de quedarme embarazada ya había surgido en algunas conversaciones con los que me rodean que en caso de estarlo dejaría de trabajar porque mi trabajo implica riesgos para el embarazo (físicos, químicos y biológicos, para más seña). Pues bien, algunas personas no se lo acababan de creer, y todavía se sorprendieron de que me concediesen "la baja". Que, por cierto, no es ninguna baja, porque mi salud y la de mi hijo eran excelentes. El problema es que existen trabajos que por su naturaleza ponen en peligro la salud del feto y la de la madre. Esto se supone que debería ser del dominio público pero todavía hay por lo que veo mucho desconocimiento. Así que muchos comentarios se referían a mi gran suerte, y a la "vidorra que me iba a pegar". Pues sí, es estupendo no trabajar mientras estás embarazada, siempre que tu caso sea como el mío y estés perfectamente, porque disfrutas el embarazo un montón, para qué negarlo. Pero la verdadera suerte es poder evitar poner a mi hijo en peligro, gracias a una ley que nos protege.

Antes incluso de que el niño nazca, ya salen los comentarios sobre cuando vuelvas a trabajar. Vamos, que "después de tanto tiempo en casa te vas a enterar". Una vez nacido, no hay semana (por decir algo) durante las dieciséis que se tienen de permiso en que alguien no te recuerde el poquito tiempo que te falta para incorporarte al puesto. ¡Qué majos! El acabose llega cuando dices que probablemente (a falta de confirmación por escrito, pero sabiendo que me correspondía) no trabajes hasta que el bebé tenga nueve meses porque implica un riesgo para la lactancia natural. Ahí sí que las caras son de estupefacción, vaya suertaza y vaya vacaciones que te vas a pegar. Vamos, que suman los meses y la cuenta les da año y medio en que vas a cobrar sin trabajar: ¡una ganga, oiga!

Estos meses han sido los más felices de mi vida. Me da mucha pena que en este y otros países las madres deban dejar a sus hijos con otras personas (que lo harán muy bien, pero no son su madre) cuando los bebés no tienen ni cuatro meses. El que tenga un bebé entiende lo que digo perfectamente, no hacen falta más explicaciones. Esto es injusto tanto para los que reciben lactancia artificial como natural, pero es que encima en estos últimos casos el mantener la lactancia se hace un tanto difícil. Ojo, imposible no es, pero en muchos casos hay que extraer y almacenar la leche en el propio puesto de trabajo, lo que es una dificultad añadida para una madre trabajadora. Así que que nadie me malentienda: ha sido maravilloso poder compartir nueve meses (más uno que me queda) las veinticuatro horas del día con mi hijo. Pero, ¿y ahora qué?

Ya desde el principio estaba preocupada porque llegase este momento, y PapádePablo me decía que me adelantaba a los acontecimientos, que ya pensaría en ello "cuando tocase". Pues bien, ya toca. Y toca preocuparse porque aunque la ley solamente protege la lactancia hasta los nueve meses de edad, las recomendaciones de la OMS y de las principales asociaciones de pediatría son de dar lactancia natural al menos hasta los dos años. Si pincháis en enlace encontaréis un interesante documento sobre lactancia que explica esto último en su apartado "¿Hasta cuándo amamantar?" Los expertos en el tema lo tienen claro, vamos. Y si bien mi hijo ha disfrutado de la situación ideal y natural para su edad, ahora se me viene el mundo encima al pensar en dar por finalizada la lactancia. ¿Y finalizarla porqué? Pues porque el riesgo sigue ahí, en concreto porque entre las diversas sustancias con las que trabajo, una es potencialmente tóxica y se difundiría a la leche.

Al que piense que exagero y no entienda que esto más que un inconveniente es un grave problema, le diré que como me están entrando unas ganas de llorar tremendas me voy a tomar un café, y ya cuando vuelva os termino de contar lo que dejar la lactancia supone para un bebé y para una madre. Con vuestro permiso...

sábado, 5 de enero de 2013

Alimentación Complementaria: ¡a probar cosas nuevas!

Como ya hace unos días que hemos empezado con la alimentación complementaria más "en serio", he decidido hacer un poco de balance de lo que la experiencia está dando de sí por ahora. No es que quiera aburrir a nadie con detalles de nuestro día a día, es que es un tema que, al menos en mi caso, plantea muchas dudas. A mí me es muy útil leer lo que otras madres blogueras con niños un poco mayores que Pablo han ido haciendo, y espero contribuir un poco más por si a alguien le ayuda. Ya conté en una entrada anterior que previamente hicimos nuestros pinitos con algo de baby led-weaning (básicamente, comida en trozos para que "se sirva él mismo") para ir lo entreteniendo, pero mi intención es darle la comida a probar en distintas presentaciones, e ir viendo cómo reacciona.

Para darle de comer al bebé, lo primero es preparar "el campo de juego", así que me armé con todo lo que consideré necesario: la trona que ya estaba usando, una vajilla infantil que nos regalaron unos amigos, una cuchara de silicona blandita, y un delantal con mangas, que además de útil es requetefashiondelamuerte (también echamos mano de algún que otro babero). Como útiles de cocina, una olla pequeña, una vaporera de silicona y un tenedor normal y corriente.



Hemos seguido dándole zanahorias y plátanos, pero también ampliamos un poco más el abanico de alimentos, y el resultado es el que sigue:

Zanahorias: no sé si será por ser lo primero que probó, pero de momento es lo que parece gustarle más. Al vapor y en un trozo grande, una vez pillado el punto, es genial porque la agarra muy bien y la va deshaciendo con la encía poco a poco. Triturada con el tenedor también la come, pero menos. 

Plátano: se lo come con bastante interés, lo malo es que al manipularlo se vuelve resbaladizo. Y eso que se lo damos sin cortar, que si no ya es el pringue total. Machacado por ahora has dicho que me lo coma yo... 

Naranjas y mandarinas: le doy los gajos (el de mandarina se lo sujeto yo) algo rotos por un extremo, y chupa que es una maravilla. La primera probadita pone cara de "esto pica, mamiiii", pero como se lo quite se lanza a por más, así que que nadie se fíe de según qué expresiones.  Es más: cuando ya parece que no quiere comer más, siempre hay sitio para un poco de naranja fresquita.   

Manzana: se la estoy dando rallada de momento, porque en trozos más grandes me parece un poco "peliaguda". Por ahí he visto que alguna mamá la mete un poco al microondas, es una opción a considerar.

Patata: de momento no me parece viable dársela en trozos, así que la cuezo al vapor y la machaco con el tenedor añadiendo un poco de aceite. Comer la come, pero se le hace pastosa y se la damos poco a poco para que no se atragante. 

 Carne: ya ha probado pechuga de pollo, de pavo, escalopines de ternera y entrecot de añojo. La carne cocida a mí me sabe a rayos, así que se la he dado a la plancha y desmigada, con bastante éxito. Éxito es comer dos cucharaditas en nuestro idioma particular. Mi madre le preparó pollo cocido el jueves y le dimos un trozo para chupar, ¡y no lo soltaba! 

Arroz: la última incorporación al menú. El arroz cocido se ve que es mucho más fácil de comer que la patata, así que le ha gustado más.

Cereales comerciales sin gluten: en la farmacia me regalaron unos sobres de estos cereales y los estoy probando. (También me dieron muestras de leche de inicio y de continuación, y por no decir que no me las llevé y con ellas me preparé unos cafés. Eran unos cafés muy raros, pero seguro que quedé nutridísima porque traen un montón de vitaminas, jejeje) Los cereales los preparo con un poco de leche que saco, de paso que hago la reserva de leche para cuando vuelva al trabajo, pero de momento ha tomado muy poco. Se los voy a seguir ofreciendo, a ver qué pasa, y si les coge el gusto igual se los compro, no sé.

Conclusiones:

- Como veis ya come un montón de cosas. Hay que ofrecer poco a poco, pero mi pediatra dice que no hace falta que con la lentitud que dice la hoja que me dio la enfermera. Que coma muchas cosas distintas no significa que coma mucho: las primeras cucharadas las recibe con entusiasmo, pero tras tres o cuatro no quiere más. Si no quiere es porque no le hace falta, y punto, así que lo que sobra me lo como yo ;)

- Las vajillas infantiles deben mantenerse fuera del alcance de los niños de seis meses. Le pones la comida en el platito, y le vas llenando la cuchara, pero como pille el plato... (no termino la frase, pero ya os hacéis una idea). Los trozos que coge con su mano, mejor en la bandeja de la trona si la tiene, o en nuestro caso en la mesa con un mantel fácil de limpiar, y listo.

- De momento no he utilizado la batidora para nada. No digo que no la vaya a usar (hay que seguir probando cosas), pero vamos, que no es imprescindible. Mucho menos un robot de cocina de esos para niños, por lo menos en mi caso. Con mi tenedor yo machaco la mar de bien, y el niño va notando que las cosas tienen texturas y sabores distintos. Y vale, no os voy a engañar, los purés me dan "cosa" desde siempre.

Darle de comer a un bebé me parece una experiencia divertida, pero hay que disponer de tiempo. Si no, se corre el riesgo de recurrir a "alimentarlo a paladas", como yo digo, y a hacerle tonterías de avioncitos y otras chorradas varias. De momento él disfruta, y nosotros viéndolo disfrutamos todavía más, ¿para qué queremos que se atiborre si tiene a su disposición toda la leche que quiera?  

Hasta aquí la entrada de hoy, me voy que me mueeeeeeeeeeero de sueño :)

domingo, 23 de diciembre de 2012

En mi casa reina la anarquía horaria



Pues sí, como lo estáis leyendo. Pablo hoy cumple seis meses, y todavía no le hemos creado sus rutinas. ¿Qué rutinas? Pues no sé, esas famosas que dicen que todo niño necesita, ¿no?
Desde que la gente de mi alrededor se enteró de que iba a ser madre, empecé a escuchar de vez en cuando que lo importante es que los bebés tengan unos horarios estrictos, y que cambiárselos les "descolocaba". También lo leía en páginas de internet: que las rutinas son fundamentales para criar a un bebé, que hay que dormir siempre en el mismo sitio y a la misma hora, que si patatín, que si patatán...

En primer lugar, definamos lo que se entiende por "rutina", por ejemplo, para dormir. Las rutinas de sueño consisten en seguir cada día unas pautas determinadas que precedan al momento de dormir, que deben ser siempre a la misma hora. Así, se inducirá al niño al sueño con facilidad, puesto que al repetirlas día tras día él ya sabe que después de una cosa viene la otra. Lo típico es que recomienden un baño, que es muy relajante para los bebés, un masaje, la última toma de la noche y ¡a dormir!

Yo no voy a ponerme a dudar de la conveniencia de las rutinas y de lo mucho que le gustan a los niños. Estoy totalmente convencida de que el mundo está lleno de niños que se sienten muy relajados porque saben qué van a hacer en cada momento del día, y les altera mucho que les cambien esas costumbres. Lo que voy a hacer es contaros cómo veo y vivo el tema con mi hijo. 

En primer lugar, nunca he sido yo una persona muy amante de las costumbres repetitivas y rutinarias. No soy capaz de marcarme un ritmo estricto para hacer determinadas cosas, ni falta que me hace tampoco. No me gusta comer todos los lunes lo mismo y cuando salgo de paseo no voy siempre por el mismo sitio, ¡que hastío! Comer y dormir lo hago cuando me viene bien, porque tras años de trabajar a turnos de mañana, tarde y noche, soy muy adaptable. El que necesite comer todos los días a las 14:00, un suponer, va a pasarlo fatal con turnos rotativos. Lo normal es que unos días comas a la una y otros a las tres...

En lo que respecta a Pablo, lo único que hemos hecho es dedicarnos a atender sus necesidades: come cuando quiere, duerme cuando lo necesita, jugamos cuando le apetece... Observando un poco me he ido dando cuenta de que se crea sus propios ritmos sin que nadie se los marque, y así es como creo que debe ser. Esto no quiere decir que lo haga todo como un reloj, porque habrá días que se duerma a las once y otros a la una o una y media. Y es que sus días tampoco son siempre iguales: a veces está más cansado, no ha dormido alguna de las siestas que suele hacer, o ha dormido más de lo habitual por la tarde. Hay días que salimos y otros que no, visitas a los abuelos, jornadas de compras... 

El famoso baño para antes de dormir tampoco lo seguimos a rajatabla. Habitualmente lo bañamos después de cenar, pero hay días que se ensucia mucho y lo bañamos antes. Además, los sábados no lo solemos bañar, y lo dejamos para el domingo por la mañana. De momento no vemos ninguna diferencia de bañarlo a no bañarlo respecto al sueño. Eso sí, muy relajado no se le ve: el baño le encanta y se divierte un montón chapoteando y jugando con sus patos de goma borrachos (es que flotan boca abajo o de lado, los pobres, jajajaja)

Luego está el tema de las comidas: no tengo ni "pajolera" idea de cuántas veces ni a qué horas come mi hijo.  No llevo cuenta de los despertares nocturnos porque come y sigue durmiendo, y yo habitualmente también. Ahora que empiece en serio con la alimentación complementaria, empezaremos a darle a probar cosas a la hora que nosotros comemos, y listo.

La intención de este post es desafiarme a mí misma: a ver cuánto tiempo aguantamos sin necesidad de marcar horarios estrictos. Hoy, a los seis meses de edad de Pablo, vivimos felices en nuestras costumbres flexibles. ¿Seguiremos igual dentro de un tiempo o el niño estará desorientado, irritable y cansado y necesitaremos de las famosas y socorridas rutinas? Seguiremos informando.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Coqueteando con la alimentación complementaria (II): "Ni pa' ti ni pa' mí"

Ayer nos quedamos en el tema de los indicios que nos debe dar el niño para demostrar que está preparado para ingerir nuevos alimentos además de la leche, y se puede decir que con cinco meses y una semana Pablo los cumplía perfectamente. Ya hace unas semanas que nos acompaña a la mesa cuando comemos, perfectamente sentadito en su trona y derecho como un hombrecito, y siempre ha estado muy interesado en lo que hacemos y lo que comemos. Pero visto que insistía en estirar la mano a todo lo que nos comíamos, un buen día (pasaban unos días de su quinto cumplemés) le ofrecí un trozo de la manzana que estaba comiendo. La miró, la cogió con su manita, la remiró, hizo un par de intentos y se la llevó a la boca, chuperreteándola con singular concentración (bueno, a mi modo de ver, que no soy un observador objetivo pero vaya, chupar chupaba que daba gusto). Y ahí, de ese experimento (que terminó al aterrizar el trozo de manzana en el suelo), surgieron todas las dudas con las que terminé mi post de ayer.

Introducir la alimentación complementaria no debería traer mayores problemas porque, si lo aconseja la hojita de la enfermera, será que mal no le va a hacer. Bueno, mal no, enfermar no creo que enferme. El problema es que casi cualquier cosa que le demos a probar tendrá menor densidad calórica que la leche, y si al empezar con la AC va disminuyendo la cantidad de leche que toma, pues no parece buena idea. Conste que, por lo que he leído, el mecanismo para la producción de leche regulada por el bebé seguramente haga que aumente el contenido calórico de la leche para compensar, pero no las tengo todas conmigo. En todo caso, las frutas y verduras con las que recomiendan empezar serán menos nutritivas que la leche. 

La súper-hojita aconseja empezar con 130 gramos de fruta, e ir subiendo hasta un máximo de 250 gramos. Eeeeeeeeem...¿130? Eso, en mi tierra, es una pieza de fruta. Mucho me parece, ¿no?

Total: que decidimos que "ni pa' ti ni pa' mí", que le daríamos de vez en cuando alguna cosa a probar, pero no esperando que se la comiese, sino que la manipulase y la chupase para ir probando sabores y texturas. Básicamente, decidimos dejarle "jugar" con la comida, jejeje, y mira que nos han dicho nuestras madres siempre que "con la comida no se juega". Así que el domingo le dimos una zanahoria hervida, no demasiado blandurria para que no se deshiciese al querer agarrarla, pero tiernita. Y la sorpresa fue que empezó a chuparla pero acabó comiéndose trocitos que iba deshaciendo poco a poco, ¡el muy glotón!, con lo que le dejamos un poquito pero luego se la retiramos. También le dimos a probar en otra ocasión algo de plátano, y se ve que le encanta.

Lo malo de todo esto es que no contábamos con que se le irritase el culito, pero ya me ha dicho una compañera bloguera más experimentada que es normal cuando empiezan la AC. Como vimos que tragar traga y como precaución decidimos no ofrecerle nada más, pero cuatro días después la irritación seguía igual y pensamos que igual la pomada que le poníamos no era la más adecuada. ¿Solución?: PapádePablo llevó hoy al niño a la pediatra a ver si le aconsejaba otra crema. Respuesta de la pediatra: la irritación es normal, le dio en efecto otro producto distinto, y le dijo a PapádePablo que ¡habíamos empezado a darle de comer demasiado pronto! ¡Manda ...! Y eso que le explicó que sólo había sido un poquito de una zanahoria, si llegamos a hacer caso a los 130 gramos...

Conclusiones finales: la pediatra sabe que a los niños hay que alimentarlos con LME hasta los seis meses, pero o no sabe lo que dice el papel de la enfermera, o no le importa, o es que tienen las dos un sentido del humor un tanto curioso. Y recuerdo perfectamente que vio que me habían dado la hoja de la alimentación, porque casi me la dejo allí olvidada (ya se ve que a mí no me parecía muy necesaria), así que: ¿no será mejor que se esperen a dar instrucciones a la revisión de los seis meses? Y ya de paso que se lean bien lo que le dan a los pacientes, si no es mucha molestia... Nosotros seguiremos esperando a los seis meses para darle de comer "en serio" (trozos blandos, cosas machacadas y picadas y también purés, de todo un poco), y estos días que quedan le dejaremos algún platanito de vez en cuando para que se entretenga, y el peque tan contento.

¿Como lo has hecho/haces/harás tú?


jueves, 6 de diciembre de 2012

Coqueteando con la alimentación complementaria (I): Antecedentes



Como en mi embarazo me dediqué a leer muchíiiiiiiiiisimo por internet y un poco más, antes de que naciese Pablo ya tenía unas cuantas ideas acerca de lo que podía ser el comienzo de la alimentación complementaria. Si algo me quedó claro, diáfano y cristalino, fue que tanto la OMS como las principales sociedades de Pediatría y Nutrición Pediátrica recomiendan la lactancia materna exclusiva (LME) hasta los seis meses. También pude ver que existen múltiples teorías sobre qué alimentos introducir primero en la dieta del bebé: que si frutas, que si cereales... "Cada maestrillo tiene su librillo", o eso dicen. En fin... Y como no sólo de internet vive la madre informada, también me compré el libro de Carlos González: "Mi niño no me come". De este libro podría hablar largo y tendido, tanto de su contenido en sí como de todo lo que removió en mí su lectura, pero eso ya es materia para otro post, que prometo escribir muy pero que muy pronto.

Al cumplir Pablo cuatro meses, en la revisión de la pediatra, la enfermera me preguntó si tomaba lactancia materna o artificial, y al contestarle que materna me dijo (sic): "Puedes seguir dándole hasta los seis meses". Yo sé perfectamente lo que quería decir, que a partir de entonces empezase a complementarla con otros alimentos, pero dicho así a palo seco (es que también me pareció bastante seca la enfermera, la verdad) puede inducir a error, y pensar que a partir de los seis meses se debe dar otra leche. El problema en estos casos es que hay que ser bien claros, que luego la gente entiende las cosas como les parece. 

Lo que sí me resultó una incongruencia es que acto seguido me dijo: "Puedes empezar a darle fruta a los cinco meses, según se indica en la hoja que te doy", y me facilitó una hoja llena de instrucciones sobre alimentación complementaria. Pero, vamos a ver... ¿se recomienda dar lactancia exclusiva hasta los seis meses y fruta desde los cinco? ¿Cómo, haciendo un salto en el tiempo? Yo creo que no tienen muy claro como explicarlo, porque en la hoja ensalza la LME hasta el sexto mes y luego indica alimentos y cantidades que introducir: a los cinco meses la fruta, a los cinco y medio verduras, a los seis la carne y cereales con gluten, etc..., especificando que se sustituirán con dichos alimentos las tomas de la comida (verdura y carne) y la merienda (fruta).  Esta hoja que me dieron tiene en la esquina superior derecha el nombre del Comité de lactancia materna de la Asociación Española de Pediatría, por lo que se supone que sigue las indicaciones de dicho comité. Os invito a visitarlo, y leer los documentos de sus recomendaciones. Yo voy a poner aquí unos extractos de Cómo promover y apoyar la lactancia materna en la práctica pediátrica:

"La introducción de otros alimentos antes de los 6 meses no ofrece un aporte calórico superior sino que desplaza (el lactante regula su ingesta calórica) a la leche materna"


"Es útil recordar a las madres y sus familias que estos alimentos complementan, no sustituyen la leche materna y para ello puede ser útil ofrecerlos sin forzar la ingesta, después de las tomas de pecho durante el primer año de vida"

"Es importante introducir en primer lugar alimentos ricos en hierro (preferiblemente del grupo de las carnes) y, posteriormente, otros como las frutas o los cereales (sin gluten antes de los 7 meses)"



Por cierto que este documento de la AEP recomienda el colecho y a su vez desaconseja las técnicas de terapia conductista de condicionamiento del sueño. No digo más...

Después de leer todo esto, y teniendo claro que pienso hacer mucho más caso a la AEP y la OMS que a la hojita de marras, me quedaba una última cuestión a considerar y es que, según leí en el libro de Carlos González (indicaciones de la Asociación Americana de Pediatría), el bebé da muestras de estar preparado para la alimentación complementaria cuando:
1- Es capaz de sentarse sin ayuda
2- Ha perdido el reflejo que le hace expulsar la cuchara con la lengua
3- Muestra interés por la comida de los adultos
4- Sabe mostrar hambre y saciedad con sus gestos

Vale, si mi niño tiene seis meses, pero no muestra estos indicios, es mejor que no lo presione para comer nuevos alimentos y respete su ritmo. ¡Ya! ¿Y si resulta que el niño, a sus cinco meses, parece estar totalmente preparado? ¿Le adelanto la AC a riesgo de precipitarme? ¿Sigo esperando a los seis meses pese a la posibilidad de que si lo pide sea porque realmente lo necesita, teniendo en cuenta que la naturaleza es sabia? La respuesta que nos hemos dado PapádePablo y yo a estas cuestiones os la pongo mañana, porque me está quedando un post demasiado largo.

¡MAÑANA MÁS!