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martes, 11 de diciembre de 2012

Los niños y el derecho a la propia imagen

Cuando hablamos del derecho a la propia imagen, habitualmente nos referimos al derecho a que nadie pueda tomarnos fotografías sin nuestro consentimiento ni reproducirlas o publicarlas por medio alguno. Pero también puede implicar otras cosas, por ejemplo el derecho que tiene cada persona a modificar su apariencia según su gusto por medio de la vestimenta, tatuajes, peinado, etc... Son dos conceptos diferentes, y me parece importante que se respete en ambos casos nuestra libertad individual. Creo que este es un tema interesante a debatir en cuanto a niños se refiere, y en esta ocasión me voy a centrar en las fotos que les hacemos.

Los padres y madres solemos bombardear fotográficamente a nuestros retoños, unos más que otros, eso sí. También es cierto que ahora se hacen muchas más fotografías que hace años porque, con la llegada de la fotografía digital, es más fácil y barato. Antes tenías que comprar carretes, sacar fotos que no sabías ni como iban a salir, y revelarlas después. Ahora, se pueden sacar multitud de fotos y quedarnos con las más bonitas, elegir cuáles imprimimos y cuáles no. En fin, no estoy descubriendo nada nuevo. Pero el tema es otro: todas estas fotos que tengo, ¿qué uso les voy a dar?

Si alguien piensa que este es un post dedicado a criticar a quienes publican en internet fotos de sus hijos está muy equivocado: este es un lugar de opinión, no de crítica. Es normal que estemos orgullosos de nuestros hijos, que nos encanten sus fotografías y queramos compartirlas. Yo, personalmente, prefiero no publicar fotos en las que se pueda reconocer a Pablo, por muy bonitas que me parezcan; y es por eso que, para ilustrar el blog, hago algunos "arreglillos" utilizando aplicaciones de edición de imágenes.

Con lo bonito que estaba, y ¡cómo lo he dejado! Gajes del "anonimato"

No es que crea que alguien va a utilizar las fotos para quién sabe qué terribles fines, es simplemente que no puedo pedirle su consentimiento para que su imagen sea publicada y claro, no sé si le va a parecer bien o mal, así que me parece más prudente esperar a que él entienda qué supone que sus fotos se cuelguen en facebook, un blog o cualquier otro sitio de la red (y para eso creo que faltan muchos años). Que yo tengo una cuenta privada de facebook en la que hay fotos mías (y de nadie más a menos que me haya dado su consentimiento expreso), y seguramente que en el futuro ponga más, pero son las fotos que yo he elegido compartir y no me importa que las pueda ver o copiar quien quiera. Menos mal que me da igual, ¿eh?, porque bien que acepté la política de privacidad del facebook como para que luego me ande poniendo melindrosa con el asunto, que esa es otra... Pero las fotos de otros... yo  no me atrevo, vaya.

También hay otro asunto, en relación a esto de las fotografías de niños, que me da bastante qué pensar, y es el hecho de que se saquen fotos de niños llorando. Porque claro, no creo que a mi hijo le hiciese ninguna gracia que su madre fuese enseñando su imagen llorando por ahí, ¿no? Yo es que me imagino el caso, y me parecería fatal encontrar ese tipo de fotos en los álbumes de mi madre. Y aún encima pensar: ¿y a quién o quienes les habrá enseñado la foto ésta? grrrrr... Pero ya no se trata de enseñarlas o no enseñarlas, sino del hecho en sí de sacarlas: ¿un bebé está llorando (o más mayor, me da lo mismo) y a mí no se me ocurre nada mejor que coger la cámara y disparar?

El que retrata a su bebé llorando lo hace seguramente porque le parece un momento gracioso, que es una imagen simpática y que cuando sea mayor seguro que le hará gracia verla. Yo esto último lo encuentro discutible si eres la mitad de maniático que yo para esas cosas, porque yo ya digo que no me haría gracia ninguna. Y lo más importante, el bebé está llorando porque tiene un motivo, el que sea: está cansado, aburrido, tiene hambre, tiene sed, quiere mimos, tiene frío... y lo que me parece más importante en ese momento es consolarlo y hacer que se sienta bien, no tomar la instantánea dichosa para guardarla de recuerdo.

Llamadme melindrosa, maniática, exagerada... pero es como yo lo veo. ¿Da o no da el tema para debate? ¿Opináis lo mismo u os parece que no es para tanto?