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jueves, 4 de abril de 2013

Mi gozo en un pozo: adiós al "finde" de relax

Hace ya casi tres meses que escribí una entrada sobre las muchas ganas que tenía de ir a un balneario... y las sigo teniendo, vaya. Lo único que se interponía entre los chorritos y burbujitas varios y la menda era la oposición de PapádePablo, no es nada acuático el hombre. Después de insistir e insistir, y varios "no", por fin se rindió y nos dio carta blanca, así que mi madre hizo la reserva para ir este mes. Y ya me veía yo cotorreando con mi madre mientras nos relajábamos haciendo el circuito termal mientras Pablo y su padre paseaban, o siesteaban o lo que fuese, y también me imaginaba con el pequeño probando eso de la piscina por primera vez, ¡qué ilusión!... Ahora viene lo malo:

Si lo único que se oponía antes era el padre, ahora que cedió el problema es el niño. Y es que la semana pasada surgió en él una nueva faceta, terrorífica y desesperante: un odio desmedido hacia la silla del coche. Hasta ahora no habíamos tenido mayores problemas, a veces se dormía y otras se iba entreteniendo con algo, le cantaba o simplemente se quedaba relajado viendo lo que sea que se ve de paisaje desde su posición (algo verá, digo yo...) Pues desde un nefasto paseo que dimos, los dos solos, en el que se despertó y se echó a llorar mientras yo conducía, ahora es imposible llevarlo en coche. Tres viajes hemos hecho, tres, y a cual peor. Se pone a llorar, y a gritar, y no hay manera de calmarlo, ya sea yo o su padre. El último viaje fue a casa de mi abuela (unos 15 o 16 km) y mi madre nos acompañó para que no fuese solo detrás, decidiendo sacar la artillería pesada: el globo de Bob Esponja. Pues el globo prácticamente ni lo vio, tan ocupado que estaba en estirarse y arquearse para no dejarse enganchar el arnés.


La silla no tiene pinchos, ni cocodrilos. De hecho, es la misma de siempre, y se ve que cabe perfectamente en ella. La compañía ya digo que la hemos variado, y da igual que vaya solo que quién vaya con él, se disgusta igual. Ya puedo cantar yo, Shakira, los Megadeth o sonar un concierto para piano de Beethoven...

Solamente se me ocurre un recurso, que todavía no he puesto en práctica pero estoy a punto: dibujos animados. Yo, que me negaba a ponerle la televisión al niño por parecerme demasiado pequeño (es que vaya, a su edad ver la tele es bastante absurdo, ¿no?), ahora le pongo capítulos de Pocoyó en el ordenador alguna que otra vez a ver cómo reacciona. Por cierto, que su atención dura aproximadamente los seis o siete minutos del capítulo, nada más. Que me alegro, porque sigo insistiendo en que lo suyo no es que vea dibujos animados, pero pretendo intentar lo mismo con la tablet y un adaptador que he comprado para poner en el coche. Soluciones desesperadas para padres desesperados.

De momento nos hemos quedado sin balneario, claro. Y es que una cosa es coger el coche cuando no hay más remedio, y otra torturar al niño por deporte. Y digo torturar, porque no es lo mismo contarlo que verlo: llora, se pone rojo y suda un montón, el pobrecito. Sin contar con que desde el domingo está afónico por culpa del famoso viaje para visitar a la bisabuela, y yo me siento una madre mala mala mala mala... Una persona con la mejor de sus intenciones me sugirió que en lugar de no llevarlo, que lo monte en coche todos los días hasta que se acostumbre. Esto viniendo de una de las personas más cariñosas que conozco, por cierto, ya me dejó en jaque total, se ve que no ha visto cómo se pone. Y ahora entiendo menos que nunca a la gente que deja llorar a propósito a sus hijos, es que no me cabe en la cabeza, con lo que duele ver sufrir a un hijo así...

¿Qué opináis? ¿Os ha pasado algo así con vuestros bebés? ¿Tenéis algún "truco del almendruco" que yo desconozca para entretenerlos? ¿Funcionarán los dibujos con un niño tan pequeño? Es que ya ni me atrevo a intentarlo, le he cogido más miedo que el... Se agradecen sugerencias...