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martes, 9 de abril de 2013

Planificando la vuelta al trabajo: lactancia y conciliación

Dos semanas nada más. En dos semanas, evoluciono de madre a secas a madre trabajadora, con todo lo que esto supone. Y me siento rara, muy rara, como si fuese a hacer algo totalmente nuevo para mí...

Desde que nació Pablo he vivido de manera muy distinta a como lo hacía antes, con otras costumbres y con otros intereses. El centro de mi mundo, cada día, es mi niño. De hecho, no me avergüenza decir que el resto del mundo me da bastante igual: sí es cierto que más o menos sigo las noticias, pero no tanto como antes, ni tengo mucho interés por salir a parte de tomar algunos cafés esporádicos con las amigas o pasear al niño. Bueno, y las visitas familiares, claro. Y no me aburro nada, la verdad.

Cualquiera diría que compartiendo 24 horas al día con la misma persona, se te pasa el tiempo despacio, pero no. A mí al menos se me ha pasado volando, y ahora tengo que volver a rutinas que ya me parecen como de una vida pasada. Supongo que cuando esté en el trabajo ya no lo veré todo tan extraño, o al menos eso espero, porque tengo la sensación de que me estaré preguntando "¿qué hago yo aquí y Pablo en casa? ¿me echará de menos? ¿se arreglarán bien sin mí?" 

En entradas anteriores (esta y esta, concretamente) comentaba que estaba a vueltas con el asunto de la lactancia. Ese tema ya lo tengo más o menos resuelto. Bueno, resuelto no es la palabra, porque el problema sigue ahí, lo que tengo resuelto es lo que voy a hacer. Desde la AEPED, después de una respuesta a mi consulta muy completa, me indican que siguiendo determinadas medidas de seguridad no debería dejar la lactancia, aunque sucede que en mi puesto eso es complicado (por algo me dieron la "baja"). Después de mucho reflexionar, he pensado en seguir para ir dejándolo poco a poco. Me explico:

En primer lugar intentaré extremar las precauciones todo lo posible, que ese tipo de cosas siempre se pueden hacer un poco mejor. Luego, me imagino que empezará a tomar menos leche porque cada día le vamos a dar algo de la que tengo congelada, con lo que irá bajando la producción, aunque desde luego no le voy a negar el pecho porque muchas veces lo que realiza es succión no nutritiva, y yo no quiero que le falte ese sostén emocional tan importante. La idea es ir estirando las reservas que tengo hasta que pueda tomar leche de vaca al año de edad, (es decir, los dos meses que faltan) y entonces ir sustituyendo gradualmente una leche por otra. Vamos, que más que dejar de darle prefiero que lo deje él poco a poco, ya veremos cómo nos va. Y actúo así por prudencia, porque si yo pudiese no me apuraría nada a darle leche de vaca ni derivados lácteos, pero parece conveniente en mi caso particular. 

También hablé en una entrada anterior de la conciliación. Concretamente fue a finales de diciembre, y desde entonces ya han cambiado bastante las cosas. ¿Porqué? Pues porque se han modificado los horarios y volvemos a los turnos que teníamos hace más de dos años, al menos durante una temporada. Esto es, trabajar a turnos rotativos de mañana, tarde y noche. Así que mis planes de adaptar los horarios ya no me servían, y hemos optado por la reducción de jornada a seis horas diarias, de 06 a 12, de 12 a 18 y de 00 a 06. Gracias a que PapádePablo tiene horarios flexibles, que si no... 

En fin, que ya está todo pensado. Casi casi solamente me falta planchar las batas blancas, esas que llevan año y medio en un armario metidas. A partir de ahora sabré el verdadero significado de las palabras "madre trabajadora", porque hasta ahora tengo la sensación de haber visto los toros desde la barrera. Bueno, la sensación no, es un hecho. ¿Y sabéis qué os digo? Que he aprendido mucho mucho. Que ahora entiendo a las madres que quieren seguir trabajando, y también comprendo a las que deciden dejar su empleo para atender a sus hijos. Que tan "modernas" o "antiguas" son las unas como las otras. Que todas quieren lo mejor para su familia, y todas tienen buenos motivos para hacer lo que hacen. Y que a mí no me importaría nada dejar de trabajar para atender a mi hijo, pero que las circunstancias son otras y pienso disfrutar también de todo lo bueno que implica tener un puesto de trabajo.

Y ahora, ¡a disfrutar a tope de estas dos semanas!

domingo, 24 de marzo de 2013

¿El fin de la lactancia? (Parte II)



En la entrada anterior ya os puse en antecedentes. Mi principal problema es que en mi trabajo, ese trabajo que me encanta, para el que me preparé y que he venido desempeñando durante años sintiéndome muy satisfecha con ello, existen algunas circunstancias que implican posibles riesgos para la salud. En concreto, empleo inevitablemente una sustancia que tiene en su etiquetado de seguridad la frase R45, frase que es la siguiente: "Puede causar cáncer". (Para el que quiera saber más sobre riesgos para la lactancia natural, puede pinchar en este enlace).

Yo no soy ninguna experta sobre el tema, la verdad, soy una trabajadora con algunos conocimientos sobre tóxicos porque mi trabajo así lo exige, pero hay una página muy buena que muchas madres que dan lactancia materna conocen, www.e-lactancia.org, elaborada por un hospital que es centro de referencia para el tema, en la que hay una relación de bastantes compuestos químicos y sobre todo medicamentos, y sus posibles riesgos o no para la lactancia. Ellos clasifican los compuestos según sus niveles de riesgo en nivel 0 (sin riesgo: la mayoría de los medicamentos que nos tomamos lo son, podemos estar tranquilas), 1, 2 y 3, siendo este último grupo el de mayor peligrosidad.

El producto que a mí me preocupa es de nivel 2, que definen de la siguiente forma: 
"Sustancia que podría provocar efectos adversos moderados sobre la lactancia o sobre el lactante o se han comunicado los mismos, o no hay datos publicados pero las características físico-químicas y farmacocinéticas de absorción, distribución y eliminación del producto hacen muy probable la aparición de efectos adversos moderados. Producto poco seguro: hay que valorar la relación riesgo-beneficio, procurar una alternativa más segura y, en caso de no poder evitarlo, considerar la dosis, los horarios, la edad del lactante, etc... y realizar un seguimiento del lactante."

Evidentemente que si fuese evitable no me hubiesen apartado del puesto, pero pensando en que ahora es más grande  y leyendo el párrafo que antecede, pensé que quizás al comer ya otros alimentos el riesgo fuese asumible porque los tóxicos tienen diferentes tiempos de presencia en el organismo, como por ejemplo el alcohol que en un par de horas se elimina y ya se puede amamantar con seguridad. Así, podría esperar a la hora adecuada y darle la leche, complicado es pero no imposible  Agarrándome a esto acudí a la pediatra en primera instancia, para ver si conocía algún número o dirección donde me pudiesen informar con más profundidad. Su respuesta, resumida, es esta:
" No hay relación riesgo-beneficio que valorar, un tóxico siempre es peligroso y la lactancia después de los seis meses no supone gran diferencia, puede proteger de un ínfimo porcentaje de infecciones, pero vamos, que no hay perjuicio en dejarle de dar el pecho (aquí yo la escuchaba estupefacta, no daba crédito. Si eso fuese cierto, no sé porqué iban a recomendar dos años de lactancia natural...). Que le de leche "2", la que toman todos los niños."

Luego pedí igualmente a una persona de la mutua que me facilitase un modo de contacto con quien llevase este tema, para que me lo aclarase un poco. Esperando respuesta del técnico de prevención, me enviaron de nuevo un correo que decía: 
"El Técnico de Prevención no ha podido llamarte pero me indica que te informe de que si te incorporas a tu puesto de trabajo debes cortar la lactancia pues se te había concedido la prestación  precisamente por el riesgo que tienes en tu puesto y que ese riesgo sigue estando latente indiferentemente de la edad del bebé."

De momento esta es toda la información que tengo. Las perspectivas son pésimas, y estoy muy triste, la verdad. Además de echarme de menos porque voy a estar fuera trabajando, Pablo según me han indicado se encontrará con que su mamá ya no le da la teta. La teta que era su alimento, su consuelo cuando lloraba, la manera en que consigue conciliar el sueño por las noches... Pienso en todas las veces que toma leche durante el día. Pienso en la hora de acostarnos, cuando da saltos en brazos de su padre porque quiere venir a los míos, en cómo me mira y se ríe, lo feliz que es cuando se engancha al pecho y suspira, y se queda dormido. Y cada despertar nocturno mama otro poquito y sigue durmiendo en la paz del que se siente protegido, que sabe que mamá está ahí para él, durmiendo a su lado.

Hemos sido muy afortunados hasta ahora, pero por favor, no me digáis que tengo suerte. Que él quiera continuar la lactancia como es natural, que no tenga yo ningún impedimento físico para ello, y que de todos modos deba interrumpir la lactancia, no es ninguna suerte. Y no es ya mayor, es muy pequeño, porque es un lactante y eso implica que la leche es su principal alimento. Y la leche de fórmula es una solución para cuando no se puede, y menos mal para muchas mujeres y niños que existe, pero no es lo mismo. Ni alimenta igual, ni la teta es solo un alimento.

Desde hace un par de meses he estado haciendo una reserva de leche en el congelador porque era lo único que veía que podía hacer para que tomase leche natural el mayor tiempo posible. Y verdaderamente no sé que más voy a hacer, me encuentro bastante perdida. No sé cómo llevar a cabo el final de la lactancia, y si mi trabajo no supusiese nuestra principal fuente de ingresos me plantearía una excedencia de un año, pero no puedo. 

Si alguien tiene algún consejo bueno para darme, por favor, ¡que me ilumine!

¿El final de la lactancia? Parte I


Pablo ya tiene nueve meses, ya se que es una frase muy manida pero ¡qué rápido pasa el tiempo! Algunos de los que me lean sabrán que hasta ahora no he vuelto al trabajo por derivarse de mi puesto riesgo para la lactancia natural. Por ello he percibido una prestación de mi mutua, y actualmente estoy disfrutando las vacaciones del año pasado por lo que falta todavía un mes para que me reincorpore. Cuando le he contado esto a la gente, habitualmente la respuesta ha sido: ¡qué suerte tienes! Bueeeeeno... supongo que según como se quiera ver, así que voy a intentar explicarlo un poco más.

Antes de quedarme embarazada ya había surgido en algunas conversaciones con los que me rodean que en caso de estarlo dejaría de trabajar porque mi trabajo implica riesgos para el embarazo (físicos, químicos y biológicos, para más seña). Pues bien, algunas personas no se lo acababan de creer, y todavía se sorprendieron de que me concediesen "la baja". Que, por cierto, no es ninguna baja, porque mi salud y la de mi hijo eran excelentes. El problema es que existen trabajos que por su naturaleza ponen en peligro la salud del feto y la de la madre. Esto se supone que debería ser del dominio público pero todavía hay por lo que veo mucho desconocimiento. Así que muchos comentarios se referían a mi gran suerte, y a la "vidorra que me iba a pegar". Pues sí, es estupendo no trabajar mientras estás embarazada, siempre que tu caso sea como el mío y estés perfectamente, porque disfrutas el embarazo un montón, para qué negarlo. Pero la verdadera suerte es poder evitar poner a mi hijo en peligro, gracias a una ley que nos protege.

Antes incluso de que el niño nazca, ya salen los comentarios sobre cuando vuelvas a trabajar. Vamos, que "después de tanto tiempo en casa te vas a enterar". Una vez nacido, no hay semana (por decir algo) durante las dieciséis que se tienen de permiso en que alguien no te recuerde el poquito tiempo que te falta para incorporarte al puesto. ¡Qué majos! El acabose llega cuando dices que probablemente (a falta de confirmación por escrito, pero sabiendo que me correspondía) no trabajes hasta que el bebé tenga nueve meses porque implica un riesgo para la lactancia natural. Ahí sí que las caras son de estupefacción, vaya suertaza y vaya vacaciones que te vas a pegar. Vamos, que suman los meses y la cuenta les da año y medio en que vas a cobrar sin trabajar: ¡una ganga, oiga!

Estos meses han sido los más felices de mi vida. Me da mucha pena que en este y otros países las madres deban dejar a sus hijos con otras personas (que lo harán muy bien, pero no son su madre) cuando los bebés no tienen ni cuatro meses. El que tenga un bebé entiende lo que digo perfectamente, no hacen falta más explicaciones. Esto es injusto tanto para los que reciben lactancia artificial como natural, pero es que encima en estos últimos casos el mantener la lactancia se hace un tanto difícil. Ojo, imposible no es, pero en muchos casos hay que extraer y almacenar la leche en el propio puesto de trabajo, lo que es una dificultad añadida para una madre trabajadora. Así que que nadie me malentienda: ha sido maravilloso poder compartir nueve meses (más uno que me queda) las veinticuatro horas del día con mi hijo. Pero, ¿y ahora qué?

Ya desde el principio estaba preocupada porque llegase este momento, y PapádePablo me decía que me adelantaba a los acontecimientos, que ya pensaría en ello "cuando tocase". Pues bien, ya toca. Y toca preocuparse porque aunque la ley solamente protege la lactancia hasta los nueve meses de edad, las recomendaciones de la OMS y de las principales asociaciones de pediatría son de dar lactancia natural al menos hasta los dos años. Si pincháis en enlace encontaréis un interesante documento sobre lactancia que explica esto último en su apartado "¿Hasta cuándo amamantar?" Los expertos en el tema lo tienen claro, vamos. Y si bien mi hijo ha disfrutado de la situación ideal y natural para su edad, ahora se me viene el mundo encima al pensar en dar por finalizada la lactancia. ¿Y finalizarla porqué? Pues porque el riesgo sigue ahí, en concreto porque entre las diversas sustancias con las que trabajo, una es potencialmente tóxica y se difundiría a la leche.

Al que piense que exagero y no entienda que esto más que un inconveniente es un grave problema, le diré que como me están entrando unas ganas de llorar tremendas me voy a tomar un café, y ya cuando vuelva os termino de contar lo que dejar la lactancia supone para un bebé y para una madre. Con vuestro permiso...

viernes, 28 de diciembre de 2012

Nuestra versión de la "famosa" Conciliación



Por si todavía queda alguien que no está familiarizado con el concepto de "Conciliación laboral, familiar y personal", consiste en hacer compatibles el trabajo remunerado con las responsabilidades familiares, respetando la satisfacción y desarrollo personales de cada individuo. Bueno, esto es muy bonito, pero ya sabemos todos que muy difícil de alcanzar. Básicamente, para que nos entendamos, buscar tiempo para el trabajo, los hijos, tu pareja, disfrutar del tiempo libre cultivando tus aficiones  y estar satisfecho en todos estos ámbitos, es utópico. Si alguien se reconoce en este esquema ideal, que por favor me lo cuente. Si no, seguiré pensando que es tan probable como encontrarme un enano en el jardín. Y yo no tengo jardín.

La plataforma Conciliación Real Ya lo representa con un puzle de tres piezas: familia, persona y trabajo. Me parece un muy buen símil. El problema es que en la sociedad en la que vivimos resultan demasiadas piezas: el tiempo libre se compatibiliza fácilmente (casi siempre) con el trabajo cuando no tienes hijos, todos hemos vivido esa etapa. En el momento que tienes uno tiendes a sacrificar, al menos en parte, alguna de las otras dos. O renuncias al trabajo, o al tiempo para ti. Y aún así, no trabajar fuera de casa tampoco te garantiza tu parcela personal, porque la crianza de un hijo te absorbe casi por completo (o sin el casi).

Además, la mayoría no puede renunciar a su trabajo, así que intentando llegar a todo se olvidan un poco de sí. Por eso muchas madres recientes vamos por el mundo mal peinadas y con el primer trapo que pillamos puesto. Que también las habrá que todo el día van divinas: mis respetos. Cuando me reencarne me pido ser como vosotras, ¡mis ídolas! Además tampoco es que, por mucho que renuncies a tu tiempo libre, el trabajo te deje tiempo para cuidar de tus hijos como quieres. ¿Porqué?
  • Las bajas de maternidad/paternidad son demasiado cortas. De hecho la baja de dieciséis semanas complica mucho la lactancia natural, que esa es otra.
  • Los horarios de trabajo no ayudan demasiado, tanto para los trabajadores a turnos como con jornada partida (yo creo que la llaman partida porque te "parte" todo el día y al final no te da tiempo a "ná".
  • Pocos Convenios recogen el derecho de faltar al trabajo para llevar a los hijos al médico.
Estando así las cosas en este país (ya nos gustaría ser un poco como los nórdicos es estas cuestiones, pero...), nos arreglamos como podemos entre guarderías, cuidadoras, abuelos... Personalmente las soluciones que para mi gusto son las mejores de las que disponemos (y no todos) son las reducciones de jornada, las excedencias, y la posibilidad del teletrabajo en algunos casos. 

Después de esta laaaaaaaarga perorata de introducción, ¿cómo me lo monto yo?