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viernes, 26 de abril de 2013

Viernes dando la nota: Camino de la cama

Aaaaaaaaaaay! ¡Qué sueño que teeeeeeengo!

Imaginaos qué escena tan bonita: llega mamá a casa después de trabajar toda la noche, y el bebé la recibe tan, pero taaaaan contento, que se niega a dormir y se pasa jugando dos horas, hasta que por fin cae. ¡Yupiiii! Bueno, esto fue ayer, esta mañana menos mal que se durmió antes. El caso es que ya llevamos más de una hora en pie de nuevo y estoy descubriendo lo que ya sospechaba: los bebés no entienden de horarios nocturnos, ni de trabajos a turnos, los muy desconsiderados... XD

Afortunadamente todavía sé en qué día vivo. Resulta que es viernes, y si tengo que escoger una canción adecuada para el momento, qué mejor que esta de Siniestro Total, ¿a que sí? Su letra, como veis, es pura poesía, jejejeje, unos fenómenos estos vigueses:

En memoria de Morfeo 
tengo a media asta el párpado: 
es la hora de la siesta. 
Veo un tronco y una sierra, 
un rebaño de ovejitas 
y un montón de zetas. 


La Coca-Cola sin cafeína, 
el Nescafé descafeinado 
y la cama ya me espera. 
Horizontal o vertical, 
yo prefiero horizontal 
y a dormir a pierna suelta. 


¡Colecciono moscas, moscas tsé-tsé, 
bebo cloroformo y meriendo valium diez! 


Camino de la cama 
es el mejor camino, 
¡solo estar durmiendo 
es mejor que estar dormido! (x2). 

Cuatro esquinitas tiene mi cama, 
cuatro angelitos me la guardan 
y ya estoy en el nirvana. 
Y no hay nada como mi almohada, 
yo la abrazo y la consulto, 
me aconseja y me ama. 


Vaso de agua y palmatoria, 
y galletitas por si hay hambre 
en el lecho conyugal. 
Y con esto y un bizcocho, 
hasta mañana si Dios quiere, 
y si no quiere me da igual. 


¡Oye tronco, cómo ronco, volumen brutal, 
por mucho que me muevas no me pienso despertar! 


Camino de la cama 
es el mejor camino, 
¡solo estar durmiendo 
es mejor que estar dormido!".




¡Buen fin de semana a todos!



domingo, 17 de febrero de 2013

Érase una vez... un momento mágico

Me encanta la lectura, y tengo que reconocerlo, me encanta comprar libros. Hace unas semanas paseaba por la librería de unos grandes almacenes y me topé con un cuento infantil que me llamó mucho la atención, así que no pude resistir la tentación de comprarlo (si tenéis curiosidad, es éste. Es una bonita historia que habla de sentimientos, y tiene unas ilustraciones preciosas). 

Evidentemente, Pablo no puede entender todavía las historias de los cuentos, pero pensé que le podría gustar escuchar mi voz, simplemente, en el tono pausado de la lectura. Además, se puede ser muy joven para leer, pero creo que no para que te lean. En todo caso, ¿porqué no probar el experimento?

En cuanto tuve ocasión empecé a leerlo, y me gustó su estilo, sencillo pero descriptivo. Así que por la noche, mientras padre e hijo jugaban en la cama, me tumbe a su lado y continué la lectura en voz alta. El niño me miraba, se reía y seguía jugando, mientras yo pasaba las páginas y de vez en cuando les iba enseñando las ilustraciones. Y cuando llevaba un rato leyendo, de repente me di cuenta de algo que me pareció mágico: por el rabillo del ojo vi que el niño se había quedado sentado en la pierna de su padre y recostado en su brazo, y me miraba muy atento. ¡Mi bebé de siete meses! Los niños son fascinantes, siempre nos sorprenden. Seguí leyendo y siguió escuchando, con una sonrisa, hasta que terminé el cuento. Qué momentazo...

De ahí tomé la decisión de leer un cuento todas las noches, antes de dormirnos. Al día siguiente leí un par que escogí de un libro que me regaló mi hermano, y como el resto de mis libros me pareció que no era muy adecuado a ese tipo de lectura, me fui a buscar más cuentos a casa de mis padres. Y me traje este botín:



¡Mis cuentos de cuando era niña! Si alguna pega tienen es que son de aquellos primeros cuentos, y la mayoría son demasiado cortos, adaptados no para ser leídos por los padres sino ya para leerlos el propio niño. Pero vaya, ¡qué recuerdos! ¿os acordábais de los clásicos troquelados?

Ahora la mayoría de las noches leo uno o dos. Y he comprobado que tienen un efecto fulminante: se suele dormir antes de que termine. Eso no estaría mal si no fuese porque... el que se duerme es PapádePablo. Sí, tal cual. Se ve que esto de la paternidad te deja al final del día hecho polvo. XDDDD

En cuanto al niño, depende del día y el ánimo que tenga. A veces escucha un rato y otras ni caso, jejeje.

Y vosotros, ¿qué opináis? ¿cuándo es buen momento para empezar a leerles a los niños?

jueves, 10 de enero de 2013

Vamos a ver si cuela...



Llevo unos días sin escribir, no por falta de ganas. El problema es que cuando llega el final del día ¡no puedo mássssssssssssss! Así que me digo: mañana, lo hago mañana.

Pues sí, estoy pasando una crisis galopante de cansancio acumulado esta semana. Al rey de la casa se le ha dado estas noches por despertarse con frecuencia y llorar. Me tiene bastante mosqueada porque nunca lo había hecho: unos gruñiditos entre sueños y se enganchaba al pecho y listo, o su padre le daba un par de vueltas de pasillo y caía de nuevo dormido. Pero lleva tres o cuatro días que no me deja descansar, y el caso es que él debe estar descansadísimo porque pasa el día jugando (y yo con él) lleno de energía. Así que estoy deseando que llegue el sábado como agua de Mayo, y pienso dormir toooooooooda la mañana. Pero toda, ¿eh? Palabrita.

Me ha dado por pensar en otras madres, esas de antes o algunas de ahora que haberlas hailas, como las meigas. Esas que podían con todo y más que les echaran, cuidando niños, casa y hasta marido. Yo me lo paso muy bien con el pequeño, pero hay días que no es que su padre me lo arranque de los brazos al llegar a casa como acostumbra, ¡es que prácticamente se lo lanzo! Entra por la puerta y se lo empaqueto para tirarme diez minutos en el sofá antes de hacer la cena. ¿Diez? Psché, o treinta, o cuarenta, para que nos vamos a engañar. 

Reconozco que normalmente llevo mejor las cosas, pero cada cierto tiempo llega un día que no puedo ni con los pies, y necesito relajarme y recargar las pilas. Y en esto estaba pensando precisamente, en relajarme. Por eso voy a aprovecharme de este espacio para hacer una petición pública a PapádePablo, porque así seguro que no se atreve a decirme que no. En fin, ahí va:

Querido PapádePablo: estoy muy cansá, mú malamente de la espalda y necesito una esperanza para sobrevivir hasta la primavera. Así que te invito haciendo gala de toda mi generosidad a que nos acompañes a mí, a la abuelita de Pablo y al susodicho un fin de semana al balneario, cuando pase lo peor del invierno. No es que mi madre y yo no nos hagamos compañía divinamente las dos en la piscina entre chorros y burbujitas,  ¡es que alguien tiene que quedarse fuera del agua para cuidar de Pablo! Sí, ya sé que has jurado y perjurado que no irás al balneario ni por hacerme el favor ni nada, pero... ¡porfa, porfa, porfaaaaa!

Firmado: la madre de tu hijo, que te quiere y te venera XDDDD

A ver si con suerte un día os sorprendo con un post sobre la experiencia. Ya sé que está muy feo esto de las peticiones publicas pero, ¿a que sí, a que me lo merezco? Jejejeje.

¡Ah, quién pudiera!
PD: Mamá, si ves esto, perdona por robarte la foto, tranquila que has sufrido el mismo proceso de camuflaje que las fotos de tu nieto. Prometo que es la única foto que publico sin permiso, ¿eh? ;)


domingo, 23 de diciembre de 2012

En mi casa reina la anarquía horaria



Pues sí, como lo estáis leyendo. Pablo hoy cumple seis meses, y todavía no le hemos creado sus rutinas. ¿Qué rutinas? Pues no sé, esas famosas que dicen que todo niño necesita, ¿no?
Desde que la gente de mi alrededor se enteró de que iba a ser madre, empecé a escuchar de vez en cuando que lo importante es que los bebés tengan unos horarios estrictos, y que cambiárselos les "descolocaba". También lo leía en páginas de internet: que las rutinas son fundamentales para criar a un bebé, que hay que dormir siempre en el mismo sitio y a la misma hora, que si patatín, que si patatán...

En primer lugar, definamos lo que se entiende por "rutina", por ejemplo, para dormir. Las rutinas de sueño consisten en seguir cada día unas pautas determinadas que precedan al momento de dormir, que deben ser siempre a la misma hora. Así, se inducirá al niño al sueño con facilidad, puesto que al repetirlas día tras día él ya sabe que después de una cosa viene la otra. Lo típico es que recomienden un baño, que es muy relajante para los bebés, un masaje, la última toma de la noche y ¡a dormir!

Yo no voy a ponerme a dudar de la conveniencia de las rutinas y de lo mucho que le gustan a los niños. Estoy totalmente convencida de que el mundo está lleno de niños que se sienten muy relajados porque saben qué van a hacer en cada momento del día, y les altera mucho que les cambien esas costumbres. Lo que voy a hacer es contaros cómo veo y vivo el tema con mi hijo. 

En primer lugar, nunca he sido yo una persona muy amante de las costumbres repetitivas y rutinarias. No soy capaz de marcarme un ritmo estricto para hacer determinadas cosas, ni falta que me hace tampoco. No me gusta comer todos los lunes lo mismo y cuando salgo de paseo no voy siempre por el mismo sitio, ¡que hastío! Comer y dormir lo hago cuando me viene bien, porque tras años de trabajar a turnos de mañana, tarde y noche, soy muy adaptable. El que necesite comer todos los días a las 14:00, un suponer, va a pasarlo fatal con turnos rotativos. Lo normal es que unos días comas a la una y otros a las tres...

En lo que respecta a Pablo, lo único que hemos hecho es dedicarnos a atender sus necesidades: come cuando quiere, duerme cuando lo necesita, jugamos cuando le apetece... Observando un poco me he ido dando cuenta de que se crea sus propios ritmos sin que nadie se los marque, y así es como creo que debe ser. Esto no quiere decir que lo haga todo como un reloj, porque habrá días que se duerma a las once y otros a la una o una y media. Y es que sus días tampoco son siempre iguales: a veces está más cansado, no ha dormido alguna de las siestas que suele hacer, o ha dormido más de lo habitual por la tarde. Hay días que salimos y otros que no, visitas a los abuelos, jornadas de compras... 

El famoso baño para antes de dormir tampoco lo seguimos a rajatabla. Habitualmente lo bañamos después de cenar, pero hay días que se ensucia mucho y lo bañamos antes. Además, los sábados no lo solemos bañar, y lo dejamos para el domingo por la mañana. De momento no vemos ninguna diferencia de bañarlo a no bañarlo respecto al sueño. Eso sí, muy relajado no se le ve: el baño le encanta y se divierte un montón chapoteando y jugando con sus patos de goma borrachos (es que flotan boca abajo o de lado, los pobres, jajajaja)

Luego está el tema de las comidas: no tengo ni "pajolera" idea de cuántas veces ni a qué horas come mi hijo.  No llevo cuenta de los despertares nocturnos porque come y sigue durmiendo, y yo habitualmente también. Ahora que empiece en serio con la alimentación complementaria, empezaremos a darle a probar cosas a la hora que nosotros comemos, y listo.

La intención de este post es desafiarme a mí misma: a ver cuánto tiempo aguantamos sin necesidad de marcar horarios estrictos. Hoy, a los seis meses de edad de Pablo, vivimos felices en nuestras costumbres flexibles. ¿Seguiremos igual dentro de un tiempo o el niño estará desorientado, irritable y cansado y necesitaremos de las famosas y socorridas rutinas? Seguiremos informando.